Son más de 150 jóvenes, algunos con ropa militar y boina, aunque la mayoría visten vaqueros, camiseta y zapatillas y todos acaban de inscribirse como voluntarios en las fuerzas opositoras a Gadafi y se dicen dispuestos a marchar a Trípoli para liberarla.
El patio de la escuela Saleh Buaisir, en Bengasi, es un hervidero. Los jóvenes se agolpan frente a un escritorio instalado por el Ejército que se ha unido a los sublevados y anotan a toda prisa sus nombres en unas listas. Por unos altavoces se escucha una música árabe y junto al escritorio flamea una gran bandera roja, negra y verde, la de la Libia independiente.
«Quiero ir a Trípoli para liberarla. Estoy listo para combatir», dice Hasán, de tan solo 20 años y que aparenta aún menos, tras salir del enjambre de jóvenes que se están registrando como voluntarios. A su lado, Ibrahim, de 25 años, indica con firmeza no querer «ninguna intervención extranjera, sobre todo de Estados Unidos» para terminar con el régimen de Gadafi.
«Somos nosotros mismos los que vamos a liberar a Libia», agrega, antes de hacer la señal de la victoria y sumarse a los otros voluntarios para iniciar su entrenamiento. Cuando todos se han sentado, uno de los militares comienza con la primera lección: cómo montar y desmontar un fusil AK-47 y cómo cargarlo.
Según uno de los responsables de la inscripción, más de 5.000 personas se registraron como voluntarios desde el lunes, una cifra imposible de verificar.