Un faraón cegado por el poder

Rosa Paíno
ROSA Paíno REDACCIÓN / LA VOZ

INTERNACIONAL

El faraón Hosni Mubarak nunca habría sospechado que sus súbditos serían los que lo echarían del poder después de treinta años de férreo control policial y de asfixia de cualquier alternativa política. Tampoco que sus servicios a Occidente no lo salvarían.

Como sus predecesores, los presidentes Gamal Abdel Naser y Anuar al Sadat, entró en política a través de la carrera militar. Dejó a su familia de la pequeña burguesía rural del delta del Nilo para estudiar en la Academia Militar de El Cairo. A los 22 años se convirtió en piloto de combate, tras finalizar su instrucción en la Unión Soviética en tiempos del panabarismo socialista de Nasser. Rápidamente escaló peldaños en la jerarquía militar hasta ser nombrado comandante en jefe de la Fuerza Aérea en 1967. Su participación en la guerra del Yom Kippur lo convirtió en un héroe.

Con la llegada al poder de Sadat, Egipto fue poco a poco abandonando su alianza con Moscú y buscó protección en Estados Unidos. En 1975 fue nombrado vicepresidente. Y seis años más tarde ascendió automáticamente a la presidencia tras el asesinato de Sadat a manos de islamistas que no le perdonarán haber firmado la paz con Israel.

El rais logró mantener el acuerdo de paz que le costó la vida a su predecesor y continuó acercándose a Washington y no inmiscuyéndose en los asuntos de Israel. Con los años se convirtió en un aliado clave de EE.?UU. -también de Arabia Saudí-, como baluarte contra los extremistas islamistas y el expansionismo iraní, y fiel amigo de Israel.

Con los años, el popular Mubarak se fue convirtiendo en un faraón cegado por el poder y alejado de los problemas de la calle. Reiterados referendos fraudulentos le permitieron mantenerse en el poder durante treinta años, mientras sus súbditos se buscaban el pan de cada día.

Escapó a seis intentos de asesinato, y jamás levantó el estado de emergencia instaurado desde que asumió el poder. En su quinto mandato esperaba cumplir uno de sus anhelos: que su hijo Gamal lo sucediera. Además de poder político, Mubarak atesoró un elevado patrimonio, cifrado entre los 51.000 y 29.000 millones de euros.