Los desequilibrios entre la oferta y la demanda atraen a los inversores en busca de beneficios rápidos
16 ene 2011 . Actualizado a las 07:00 h.El presidente del Instituto de Políticas de la Tierra, Lester Brown, uno de los pioneros del concepto de economía sostenible, cifra en 219.000, no mucho menos que la población de una ciudad como A Coruña, el número de bocas a las que hay que dar de comer cada día por primera vez en el mundo, pero, según explica, no es el único factor que tira de la demanda de alimentos hacia arriba.
En torno a unos 3.000 millones de personas de países emergentes como China o la India reclaman dietas más completas como consecuencia de sus ganancias de renta. En paralelo, los biocombustibles drenan una parte cada vez mayor de las cosechas. Un dato lo ilustrará: 119 millones de toneladas de grano de las 416 que recolectó EE.?UU. en el 2009 se destinaron a producir etanol. Es una cantidad suficiente para alimentar a 350 millones de personas en un año.
Al mismo tiempo, explica Brown en
Al mismo tiempo, explica Brown en Foreign Policy, hay motivos para pensar que no se puede seguir atendiendo de forma indefinida esta aceleración de la demanda. La tercera parte de las tierras hábiles pierden el manto con más rapidez de la que se tarda en recuperarlo como consecuencia de la erosión. Descienden los acuíferos en relación inversamente proporcional a la posibilidad de regenerarlos como resultado del esfuerzo de riego que impone el elevado ritmo de producción en algunos países y, en otros, las tecnologías más avanzadas han llegado a un punto de madurez en el que ya no es posible mejorar su rendimiento. Es el caso de Japón, cuya producción de arroz lleva estancada 14 años, y la perspectiva que aguarda a otros países que siguieron sus pasos, como Corea del Sur.
Además, están el calentamiento global y el proceso imparable de urbanización. Se calcula que por cada grado centígrado que excede la temperatura óptima durante la maduración se puede esperar un descenso del 10% en la recolección. Un mínimo aumento del nivel del mar anegará los campos de arroz de Bangladés y zonas del delta del Mekong de las que Vietnam, segundo exportador de arroz del mundo, obtiene la mitad de su cosecha de este cereal.
Por último, la concentración de la población en megápolis, la necesidad de suelo industrial y la construcción de autopistas o vías ferroviarias que impone la creación de mercados reducen drásticamente la superficie que se puede dedicar al cultivo. ¿De qué modo? Se estima que las ventas de coches en China ascenderán solo este año a los 20 millones de unidades. De acuerdo con parámetros norteamericanos, la incorporación de cada cinco millones de vehículos significa el sacrificio de unos cuatro millones de kilómetros cuadrados de terreno.
Foreign Policy
Además, están el calentamiento global y el proceso imparable de urbanización. Se calcula que por cada grado centígrado que excede la temperatura óptima durante la maduración se puede esperar un descenso del 10% en la recolección. Un mínimo aumento del nivel del mar anegará los campos de arroz de Bangladés y zonas del delta del Mekong de las que Vietnam, segundo exportador de arroz del mundo, obtiene la mitad de su cosecha de este cereal.
Por último, la concentración de la población en megápolis, la necesidad de suelo industrial y la construcción de autopistas o vías ferroviarias que impone la creación de mercados reducen drásticamente la superficie que se puede dedicar al cultivo. ¿De qué modo? Se estima que las ventas de coches en China ascenderán solo este año a los 20 millones de unidades. De acuerdo con parámetros norteamericanos, la incorporación de cada cinco millones de vehículos significa el sacrificio de unos cuatro millones de kilómetros cuadrados de terreno.
Por último, la concentración de la población en megápolis, la necesidad de suelo industrial y la construcción de autopistas o vías ferroviarias que impone la creación de mercados reducen drásticamente la superficie que se puede dedicar al cultivo. ¿De qué modo? Se estima que las ventas de coches en China ascenderán solo este año a los 20 millones de unidades. De acuerdo con parámetros norteamericanos, la incorporación de cada cinco millones de vehículos significa el sacrificio de unos cuatro millones de kilómetros cuadrados de terreno.
El acopio de China
Este desequilibrio entre una demanda incesante y una oferta menos elástica, favorecido por hechos puntuales como la estrategia de Gobiernos como el chino, que está haciendo acopio de soja para ampliar sus reservas, por los incendios forestales del verano en Rusia, que estrangularon las exportaciones de trigo de este país, o por las inundaciones de Australia, que dispararon la cotización del algodón, está en el origen pero no es la única causa de una escalada de precios que, según los datos de la FAO, supera a la que se produjo en el 2008, cuando propició estallidos sociales en Haití, Egipto o la India.
Alzas escandalosas, que llegan al 80% en el caso del trigo o del maíz y al 50% en el del azúcar, son inasumibles para las economías menos favorecidas en un entorno de crisis como el actual. Pero no son la novedad más destacada para los economistas, que prefieren señalar que se producen de forma simultánea al incremento del precio de las demás materias primas por la concurrencia inquietante de dos factores: la bulimia de los mercados financieros, que ven en los aumentos de la demanda la oportunidad de ganancias rápidas por medio de tácticas especulativas, y la tendencia a la baja del dólar.
Sería simplista deducir de lo ocurrido en Túnez que la elevación de los precios se puede convertir en un atajo con validez universal para derribar Gobiernos autoritarios ya que, en última instancia, influyen cuestiones particulares del país del que se trate, como el grado de corrupción, la descomposición del régimen o la desesperación de la población por la falta de salidas laborales. Sí es evidente que cuanto más cueste llevar el pan a casa mayor será a partir de ahora la inestabilidad en muchos puntos del planeta. La caída de Ben Alí enseña a los Gobiernos que son más vulnerables de lo que creían y a los ciudadanos, que tienen mucho más poder que el que a menudo se les atribuye.
Sería simplista deducir de lo ocurrido en Túnez que la elevación de los precios se puede convertir en un atajo con validez universal para derribar Gobiernos autoritarios ya que, en última instancia, influyen cuestiones particulares del país del que se trate, como el grado de corrupción, la descomposición del régimen o la desesperación de la población por la falta de salidas laborales. Sí es evidente que cuanto más cueste llevar el pan a casa mayor será a partir de ahora la inestabilidad en muchos puntos del planeta. La caída de Ben Alí enseña a los Gobiernos que son más vulnerables de lo que creían y a los ciudadanos, que tienen mucho más poder que el que a menudo se les atribuye.
Influyen hechos como los incendios de Rusia y las riadas de Australia