Las filtraciones de documentos del Departamento de Estado estadounidense podrían desencadenar una tormenta en el mundo árabe. Los regímenes están en estado de shock por unos textos que para ellos son no solo vergonzosos, sino incendiarios políticamente.
Los datos sobre la «voluptuosa» enfermera ucraniana que acompaña al líder libio Muamar al Gadafi podrían desencadenar un ataque de ira en Trípoli.
Y no es que haya revelaciones realmente explosivas, pero el conflicto entre musulmanes chiíes y suníes en Irak, Yemen, el Líbano, Arabia Saudí y Bahréin podría escalar aún más e incrementar la desconfianza de los árabes entre sí, lo que dificultaría la solución de crisis en la región, desde la palestina hasta la guerra de los rebeldes houthi contra el Gobierno yemení.
Y es que algunos Gobiernos árabes no tendrían nada contra una intervención militar de EE.?UU. para destruir el programa nuclear iraní. Los documentos dicen que el presidente egipcio, Hosni Mubarak, considera a los líderes iraníes unos «mentirosos» y guarda un «profundo odio a la república islámica».
El embajador saudí Adel al Chubair dijo, al parecer, a diplomáticos estadounidenses que el rey Abdulá de Arabia Saudí pidió a Washington en el 2008 que «cortara la cabeza a la serpiente», refiriéndose a Irán.
El presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, reaccionó quitando importancia a los documentos, que consideró sin valor.
Ningún Gobierno árabe reaccionó de forma oficial. La emisora Al Arabiya, financiada con fondos saudíes y con sede en Dubái, informó sobre los documentos, pero eludió los referentes a la región. El Ministerio del Exterior en Riad reaccionó con un: «Sin comentarios».
Mientras, el Gobierno paquistaní condenó en duros términos las publicaciones. Entre los asuntos que atañen al país, Washington presionó en el 2007 a Islamabad para que retirara uranio altamente enriquecido de una instalación nuclear, por miedo a un ataque de islamistas radicales, algo que rechazó Islamabad.