Un éxito que ahora sabe a poco

Miguel A. Murado

INTERNACIONAL

Todos los acuerdos políticos acaban sabiendo a poco. Es lo que le pasa a la oposición cubana, que ayer solo tardó horas en comprender que si ha logrado todo lo que pedía, e incluso más, es porque había pedido muy poco. La Habana no solo excarcelará a diez o doce presos como reclamaba Guillermo Fariñas en su huelga de hambre, sino a los cincuenta opositores del grupo de los 75 que aún permanecían entre rejas. No es un gran problema para el régimen. No son dirigentes señalados y, de hecho, ya había liberado a los veinte restantes por cuestiones de salud. Lo que no querían los Castro era negociar con ellos, y no han negociado. La Iglesia cubana pasa a ser ahora la mediadora (lo que seguramente no sea una mala cosa). Es la que sale ganando a cambio de prestarles su paraguas. Como también sale ganando España, la auténtica muñidora del acuerdo. La política común hacia Cuba de la UE dañaba los intereses españoles en la isla, y ahora Moratinos podrá presentar estas excarcelaciones como un fruto de su política gradualista. Es una de esas paradojas crueles que tanto abundan en la política: si ahora la UE mejora sus relaciones con Cuba, habrá sido la oposición la que le habrá dado este balón de oxígeno al régimen. De paso, queda desactivada la huelga de hambre de Guillermo Fariñas, y la táctica misma de la huelga de hambre, que no podrá usarse en mucho tiempo. Así son las negociaciones: todo el mundo gana algo a cambio de algo. Y lo que ha ganado la oposición es estrictamente esto: que 52 personas que están en la cárcel, pronto no estarán. Ni más ni menos.