Doce turistas de Monforte pasaron el temporal de Madeira en un hotel de la capital de la isla
23 feb 2010 . Actualizado a las 13:08 h.Les pareció que no era más que un temporal como los de cualquier invierno en la costa gallega. Los doce turistas de Monforte que pasaron el fin de semana en un hotel de Madeira solo se dieron cuenta de la envergadura de lo que había ocurrido cuando amaneció y vieron los árboles derribados y la alarma en los rostros de la gente. «Nadie avisó de la tormenta, así que probablemente nos libramos porque sucedió de noche», cuenta Julia Barreira, una de las integrantes del grupo.
Julia viajó el miércoles pasado a Madeira con un grupo de amigos en el que iban otros cinco adultos y seis niños de entre 6 y 12 años. Colegios e institutos habían cerrado toda la semana en Monforte por la acumulación de festivos de los carnavales, así que ellos aprovecharon para darse cinco días de vacaciones que resultaron más accidentados de lo previsto. Reservaron habitaciones en el hotel CS Madeira, un establecimiento de Funchal cercano a la costa, pero fuera del puerto deportivo y el centro histórico de la ciudad, la zona en la que fue mayor la destrucción. Querían hacer excursiones por la costa y por el interior montañoso de la isla. Y a eso se dedicaron hasta solo unas horas antes de que el viento y la lluvia lo pusiesen todo patas arriba.
Lo que más sorprende de su relato es que nadie los avisó de lo que se avecinaba. «Lo único que nos dijeron es que el sábado haría mal tiempo, para que no preparásemos ninguna excursión», explica Julia. Ella no cree que se les ocultase información. Simplemente, le parece que nadie sabía que la tormenta iba a ser tan devastadora.
Pero es que ni el tiempo hacía temer nada. De hecho, el viernes lució el sol y los doce emplearon la tarde en una excursión en barco. Ya en tierra, cenaron y se fueron a sus habitaciones a dormir. Al anochecer empezó a llover y a medianoche el temporal ya sacudía la isla. Pero en su hotel apenas se dieron cuenta. «A los que nos despertamos nos pareció un temporal normal», dice Julia. La electricidad apenas faltó. El teléfono sí se cortó, pero la mayor parte de ellos dormían, así que ni se enteraron.
Por la mañana, se toparon con la tormenta aún coleando. El personal del hotel les pidió que no saliesen porque no era seguro, así que ellos y el resto de los clientes pasaron el día pegados a los televisores, viendo cómo la cuenta de víctimas subía a cada hora. Sin teléfono fijo, los móviles solo funcionaron esporádicamente, pero Julia pudo contactar enseguida con su familia en Monforte.
El domingo pudieron hacer su primer paseo por el escenario de la catástrofe, aunque los principales destrozos no los vieron. «No dejaban pasar a la zona del puerto en la que habíamos estado el viernes por la tarde, que fue donde la destrucción fue más grande». A pesar de que el sábado se habían suspendido todos los vuelos, su avión salió el domingo hacia Oporto solo con un ligero retraso sobre el horario previsto.