La «pequeña América» afgana

Miguel A. Murado

INTERNACIONAL

Curiosamente, el mayor obstáculo táctico con el que se van a encontrar las tropas de la OTAN en la ofensiva que comenzó ayer en Afganistán ha sido construido por ingenieros norteamericanos. En los años cincuenta, cuando el país era todavía una monarquía prooccidental, cooperantes de Estados Unidos llevaron a cabo un ambicioso programa de canales de riego en esta parte de la provincia de Helmand.

Es por eso por lo que la gente de la zona todavía llama la pequeña América a este parche de hierba, visible en las fotos de satélite. Esos canales son los que obligarán a las tropas a hacer la mayor parte del recorrido a pie, y es ahí también donde los talibanes habrán escondido muchos de sus mortíferos explosivos improvisados (la causa del 60% de las bajas entre los aliados).

Marjah, el objetivo principal de las tropas de la OTAN y del Gobierno de Kabul, es importante, precisamente, porque es allí no solo donde se concentra el negocio del opio con el que los talibanes se financian en parte, sino también porque es donde se fabrican la mayor parte de esos explosivos improvisados.

Hasta ahora se había renunciado a tomar Marjah porque se trata de una ciudad bastante grande (casi 100.000 habitantes) y no había efectivos suficientes para controlarla. Ahora se dispone de más tropas.

Márketing militar

No es cierto, sin embargo, que esta sea «la mayor ofensiva desde la invasión del 2001». Lo mismo se dijo hace tres años cuando se lanzó la operación Empuje Montañoso en esta misma zona (en realidad, en un área aún más amplia), y lo mismo se había dicho pocos meses antes y se volvió a decir pocos meses después cuando hubo que iniciar Furia Montañosa.

Pero el márketing de la guerra obliga a vender el producto siempre como algo nuevo. Sí hay una novedad importante, pero es otra: que casi la mitad de las fuerzas serán afganas esta vez. Si superan la prueba, se podrá empezar la retirada de las tropas extranjeras el año próximo, como desearía el presidente Obama.

Ya no se trata, pues, de ganar, sino de reequilibrar el campo de batalla para negociar una salida honrosa con los talibanes, y hacerlo desde una posición de fuerza.