Dos semanas después, se siguen recogiendo cadáveres entre los escombros y las agencias internacionales aún carecen de un mecanismo regular de distribución de comida y agua a los miles de afectados. La construcción de nuevos campamentos y el retorno de la actividad económica son los desafíos inmediatos. La cifra de muertos no está cerrada: el ministro del Interior dijo que el número se acerca a los 150.000, pero agregó que aún quedan muchísimos bajo los escombros». Según explicó, la recogida de muertos sigue porque en cada operación de desescombro aparecen nuevos cadáveres entre los cascotes. El director de la Policía Nacional relató que los 5.000 agentes con que contaba se han visto reducidos a 2.000 para todo Puerto Príncipe (cuya población se calcula cercana a los dos millones). Admitió que la policía disparó balas reales contra grupos de saqueadores, pero agregó que hay un oficial detenido y apartado de su cargo tras demostrarse su culpabilidad. Temporada de lluvias Los cientos de miles de personas sin techo (entre 700.000 y 800.000) no saben todavía cuáles son los planes del Gobierno con ellos. De momento, el Ejecutivo va a distribuir unas 30.000 carpas, pero la Organización Internacional de Migraciones (OIM) ha alertado sobre la necesidad de pasar a construir con material más sólido ante la temporada de lluvias que comienza en mayo. Las agencias internacionales no han conseguido establecer un mecanismo de distribución de comida y agua regular para la población necesitada. Además, la ciudad dista mucho de tener un aspecto normal, con una gran cantidad de edificios caídos o peligrosamente inclinados. Sin embargo, se ven signos tímidos de recuperación comercial, y cada vez más tiendas se atreven a abrir tras dos semanas de inactividad. Las filas son cada vez mayores en las oficinas bancarias o las de transferencia de divisas, pero es raro ver tumultos o desórdenes, y los haitianos soportan pacientes horas y horas bajo el sol. Se ven camiones de recogida de basura y brigadas de obreros que participan en el desescombro, pero la sensación es que quedan todavía montañas de cascotes y de basuras por recoger. La electricidad es un lujo.