¿Por qué es tan pobre el país afectado por el seísmo?

Miguel A. Murado

INTERNACIONAL

¿Por qué es tan pobre Haití? No por qué es pobre, sino por qué lo es tanto. Es la pregunta que empiezan a hacerse activistas, expertos y líderes mundiales camino de la próxima cumbre para la reconstrucción del país prevista en Montreal. Todo el mundo está de acuerdo en que se debe ir más allá de la ayuda de emergencia y aprovechar la tragedia para cambiar la historia de Haití. Pero esto es muy difícil cuando se trata de hacerlo para bien, y nadie parece estar muy seguro de qué es lo que habría que cambiar.

Para los haitianos, y para muchos observadores, su pobreza es un legado de la colonización y la esclavitud hasta 1804 y, a partir de esa fecha, de la interferencia extranjera y las dictaduras. Se trata de una argumentación fácil pero quizá demasiado simplista. Otros países de la región han pasado por experiencias similares y se encuentran en mejor situación. Es frecuente sobre todo la comparación con la República Dominicana, que ocupa la misma isla que Haití y que, aunque pobre, tiene una renta per cápita cinco veces mayor que su vecino.

Diferencia crucial

Pero existe una diferencia crucial: la población. Haití es uno de los países más superpoblados de América. Con un territorio equivalente a un tercio de la de la República Dominicana, contiene casi dos tercios de los habitantes del conjunto de la isla. Una de las teorías más aceptadas acerca de por qué esto es así supone una ironía trágica: la población de Haití habría aumentado más precisamente porque su agricultura fue más rentable en el siglo XIX. Los efectos son perceptibles hasta en una foto satélite, donde se ve a Santo Domingo en verde mientras que Haití es de color amarillo.

Haití no conserva más que un 1% de sus bosques, lo que ha llevado a una grave erosión del suelo, el cual se ha vuelto incapaz de sostener tanta población. Para el historiador de la ecología Jared Diamond, aquí estaría la clave. Sin embargo, todos los esfuerzos para ayudar a Haití en el pasado reciente han tomado un enfoque economicista que no parece que haya resultado bien. Por ejemplo, hace 30 años Haití se autoabastecía de arroz. El FMI está ahora intentando cancelar sus mil millones de deuda externa, pero quizás hubiese sido mejor no haberle impuesto entonces la supresión de tarifas que convirtió a Haití en importador, arruinó a los arroceros y generó parte de esa deuda. Montreal será, pues, no solo una oportunidad para proporcionar un nuevo comienzo a Haití, sino también quizá para repensar la manera en la que el resto del mundo afronta la cooperación para el desarrollo.