«Una semana con un plato de arroz y un trozo de pollo »

Javier Otazu

INTERNACIONAL

Miles de personas deambulan sin rumbo buscando algo que llevarse a la boca

21 ene 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Una semana después del terremoto que asoló Haití, miles de personas siguen durmiendo y defecando en campamentos improvisados, dejados de la mano de Dios, del Gobierno y de la ONU. Muchos solo han tenido derecho a un plato de arroz en una semana. «Somos todos cristianos, no somos animales. ¿No es inhumano que me veas así, vestido con la ropa que llevaba el día del terremoto? Un plato de arroz con un trozo de pollo es todo lo que me han dado, y hace ya dos días», se lamenta Juin Williams, de 28 años, padre de una niña de un año.

Williams es uno de los invasores de los jardines de la Primature, la sede del primer ministro que fue tomada por miles de personas que aquel día salieron de casa con lo puesto. Casi todos aquí son de clase media o acomodada, y se vieron sin nada de la noche a la mañana. No hay en Puerto Príncipe jardín o plaza que no se haya convertido en refugio para las personas que se quedaron sin casa, y que se calculan en un millón y medio en un país de nueve millones de habitantes.

Olor a basura

Los primeros días, las calles de Puerto Príncipe olían a muerto. Ahora huelen a basura no recogida, a fogatas y a polvo removido de los escombros suspendido en el aire. Algunos supervivientes siguen apareciendo, pero la mayor parte de las veces los rescatadores se encuentran con cadáveres endurecidos, que son trasladados en carretillas hasta alguna fosa común, donde ya descansan unas 75.000 almas.

Muchos jóvenes esperan el desescombro de los edificios para hacerse con dinero, tarjetas de teléfono o productos de consumo en cada hueco que abren las excavadoras, y a veces la policía tiene que intervenir para proteger lo último que queda de valor entre las ruinas. Sin embargo, la resignación parece ser la tónica en gran parte de la ciudad, argumento de la ONU para intentar desmentir que los saqueos sean el pan de cada día. «No ha habido saqueos generalizados ni bandas de jóvenes atacando y controlando la ciudad, como algunos medios han difundido de forma irresponsable», se lamentaba ayer el jefe interino de la misión de la ONU en Haití, Edmond Mulet, nombrado al morir en el terremoto el titular, Hedi Annabi.

«La realidad del desastre es algo inimaginable, es como un bombardeo de una semana entera sobre la población civil. Hasta los perros dejaron de ladrar durante tres días», dijo el primer ministro Jean Max Bellerive, para ilustrar la conmoción que supuso el seísmo. Siete días después, los perros han vuelto a las calles mugrientas de Puerto Príncipe. Junto a ellos, miles de personas deambulan en busca de un trozo que llevarse a la boca. Es tal el hambre y la desesperación que los repartos de alimentos degeneran a veces en tumultos, tantos que la ONU ha pedido a EE.?UU. y Canadá que escolten a sus convoyes para repartir esa comida tan ansiada por los más desgraciados.