Raúl Castro hará balance del año que se va y presentará el plan para el que comienza ante el Parlamento. Algunos cubanos aún esperan anuncios espectaculares, pero parece que no habrá muchas novedades, salvo que el cinturón seguirá apretado.
Después de haber trabajado varios días en comisiones, los diputados escucharán el resumen de un período marcado por la crisis, las pérdidas de 7.000 millones de euros dejadas por los huracanes y el bloqueo. La economía nacional ha sorteado el trance a trancas y barrancas. Los legisladores han reconocido un esfuerzo enorme por recortar gastos y reactivar la producción interna, pero los resultados no son los deseables.
Aunque están perfilados, no acaban de cuajar los «cambios de concepto» que el sucesor de Fidel consideró necesarios. El ministro de Agricultura reconoció que hubo de todo: «falta de sistema, de organización, deficiencias de dirección en la producción y en la comercialización y problemas de transporte. Sería iluso pensar que esto se puede resolver en cinco meses».
Pese a todo, puede estar satisfecho pues su sector es el que más ha avanzado. Se concedieron tierras ociosas en usufructo a 100.000 personas. El aumento de producción representó un crecimiento del 7%, pero persisten problemas en la distribución de los productos del agro.
En otros campos falta mucho por hacer. Lo más complicado es la unificación de dos sistemas económicos y dos monedas que conviven a duras penas. Corren rumores de que en enero se implantará una nueva moneda, pero los especialistas opinan que la isla no tiene recursos para respaldar el cambio.
El Gobierno rebajó un 30% el gasto en importaciones, que en el 2008 fueron de 10.000 millones de euros. Pidió trabajar y ahorrar más. Hasta ahora, las fábricas y comercios que consumen energía en exceso son sancionados con el cierre total o parcial. Pero los ingresos también han disminuido. Los precios del níquel, principal producto de exportación, cayeron un 40%. El turismo también bajó. Los acuerdos con Venezuela, 115.000 barriles de petróleo diarios pagados con servicios médicos y educativos, y los créditos concedidos por China son el principal sustento económico. Pero la falta de liquidez obligó al Ejecutivo a renegociar pagos.