Los hermanos Graviano, el poder en la Mafia de Sicilia

La Voz

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Filippo Graviano es un tipo curioso que asegura que la cárcel lo ha cambiado acercándolo a los «valores de la legalidad», pero que hasta ahora se ha negado a colaborar con la Justicia, lo que podría ser normal en una persona que niega pertenecer a Cosa Nostra y se declara inocente de los delitos de mafia por los que ha sido condenado.

En la cárcel no ha perdido el tiempo y estudia Economía en la Universidad La Sapienza en Roma. Examinado a través de videoconferencia, los profesores lo consideran un óptimo alumno al que han dado las notas más altas. De todas formas es consciente del duro régimen carcelario que espera a los condenados por mafia contemplado en el artículo 41 bis del Reglamento Penitenciario, y por ello ha explicado que «no tengo futuro. La cosa mejor para mí sería dormirme una noche y no despertarme la mañana siguiente. Estaría en paz conmigo mismo y con todos».

Su hermano Giuseppe era, según las afirmaciones del arrepentido Spatuzza, quien mantenía contactos con Silvio Berlusconi y su colaborador Marcello Dell'Utri. «Gracias a la seriedad de estas personas tenemos al país en nuestras manos», habría afirmado tras una reunión mantenida en un bar de via Véneto en Roma en 1994.

Tras el arresto del jefe de Cosa Nostra, Toto Riina, los Graviano se hicieron con el poder junto a otros cinco mafiosos y pusieron al Estado italiano en jaque con una serie de sangrientos atentados que, por primera vez, tenían lugar fuera de Sicilia. En Florencia, Milán y Roma murieron 5 personas y 93 resultaron heridas.

Condenados por el asesinato en 1993 del sacerdote antimafia Pino Puglisi, desde 1994 los Graviano están en prisión.