Bruselas, ahora pendiente de la República Checa

Juan Oliver

INTERNACIONAL

04 oct 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

La primera reacción sonó a suspiro de alivio. «Gracias, Irlanda. Este es un gran día para Europa». Así se expresó el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durão Barroso, quien se apresuró ayer a comparecer ante los medios en Bruselas para manifestar su satisfacción por el sí irlandés, y para confirmar que acababa de hablar con el primer ministro Brian Cowen y con los líderes de los partidos mayoritarios en Irlanda para trasladarles su gratitud por el resultado de la consulta. «Esto demuestra que cuando nos comprometemos, cuando explicamos, podemos obtener un apoyo real para el proyecto europeo», dijo Barroso en una conferencia de prensa junto a la vicepresidenta de la Comisión y responsable de Comunicación y Asuntos Institucionales, Margot Wallström. Como la mayoría de los líderes europeos, Barroso es perfectamente consciente de que un no irlandés al Tratado de Lisboa habría enterrado definitivamente los planes de la UE para reformar sus instituciones y dotarse de los mecanismos administrativos necesarios para seguir construyendo un proyecto político común y con perspectivas de futuro. «Ahora que todos los Estados miembros han aprobado democráticamente el tratado, espero que los procedimientos necesarios para su entrada en vigor puedan ser completados tan rápido como sea posible en Polonia y en la República Checa», concluyó Barroso. Enemigo Precisamente, el presidente checo, Vaclav Klaus, el principal enemigo del tratado, lamentó que los irlandeses hubieran desaprovechado «la última oportunidad» para tumbar ese documento. Lo dijo ante un par de centenares de jóvenes euroescépticos que acudieron ayer al castillo de Praga, la residencia oficial del jefe del Estado, para seguir la consulta irlandesa y apoyar a su líder. Klaus se guarda en la manga la carta marcada del segundo recurso que un grupo de senadores de su partido han presentado ante el Tribunal Constitucional de su país, con la idea de retrasar el proceso de ratificación y de dar al presidente más excusas para no sancionarlo. Tras el sí de Irlanda, no parece que esa estrategia vaya a ser suficiente. Es más, el propio Parlamento checo ha votado a favor del tratado.