El Tratado de Lisboa, la causa y la consecuencia

La Voz

INTERNACIONAL

Que el país que preside la Unión Europea no haya aprobado el texto pactado con sus socios para garantizar la renovación de las instituciones comunitarias y para adaptar las normas creadas para quince socios a un club que ya cuenta con casi el doble de miembros, es una contradicción difícil de entender. Y la caída de Topolanek promete agravarla, porque pone en peligro que el Tratado de Lisboa pueda entrar en vigor alguna vez. Al presidente Vaclav Klaus, que hasta ahora se ha negado a sancionarlo con su firma, se le han rebajado notablemente los obstáculos que enfrentaba para mantenerse en esa posición.

Lo cierto es que Topolanek y el Tratado de Lisboa son interdependientes, porque el fracaso del primer ministro ayer en su Parlamento tiene mucho que ver con el texto. Los tres miembros de su partido que le retiraron su apoyo lo hicieron justamente después de que la Cámara aprobara el texto, en una sesión celebrada el mes pasado tras varios aplazamientos.

Campaña

Lisboa será uno de los principales argumentos de la campaña electoral a la que están abocados los checos, y los tiempos serán importantes. Topolanek quiere anticiparlas al verano, aunque no sabe si antes o después de las europeas de junio. Pero la oposición socialdemócrata las prefiere en otoño, para evitar que el debate europeo las protagonice en exceso.

Parece difícil que no lo haga, porque es en otoño, precisamente, cuando el euro debería empezar a circular por territorio checo, y es también en otoño cuando, previsiblemente, se celebrará el nuevo referendo irlandés sobre el Tratado.

Esa fecha no deja de ser una hipótesis, porque Dublín se ha negado hasta ahora a desvelar las opciones que maneja (en Bruselas se comenta que no quieren dar pistas hasta conocer el potencial con el que cuentan los partidarios del no).

Polonia

Lo cierto es que si el resultado de la nueva consulta es otro rechazo, el Tratado estará herido de muerte. Nadie duda de que Klaus aprovecharía esa circunstancia para negarse en redondo a firmar el texto, dando también alas a su homólogo polaco, Lech Kaczynski, cortado por su mismo patrón de euroescéptico y que tampoco lo ha sancionado aún.