Una estrategia que incrementó la demanda, la oferta y los efectos colaterales, y tan solo redujo los precios

INTERNACIONAL

En la convención de 1998, con el lema «Un mundo libre de droga, podemos hacerlo», las Naciones Unidas lanzaron una campaña para erradicar todos los narcóticos, desde el cannabis hasta la heroína, usando la ley para atrapar a productores y traficantes y acabar con los consumidores a nivel global. Diez años después, los resultados de esa política no podían ser más desoladores. En Estados Unidos, donde el uso de drogas ilegales es el más alto del mundo, el Gobierno gasta alrededor de 70.000 millones de dólares por año para combatir las drogas. Pero la estadística de consumo ha crecido constantemente en el último decenio y un quinto de la población carcelaria fue condenada por crímenes relacionados a la droga. En el resto del mundo, el panorama es muy similar. España, por ejemplo, alcanzó unas tasas de consumo de cocaína similares a las de Estados Unidos. Los precios para el consumidor están más bajos que nunca. El narcotráfico genera beneficios superiores a los 200.000 millones de dólares anuales que van a parar a las arcas del crimen organizado, mientras la corrupción y la violencia generada por el sector no paran de crecer.