El presidente checo compara a la UE con un régimen totalitario

Juan Oliver

INTERNACIONAL

En su intervención negó el carácter democrático de las instituciones comunitarias y las culpó de la crisis

20 feb 2009 . Actualizado a las 02:03 h.

El presidente de la Unión Europea no solo no cree en ella, sino que la considera un obstáculo para el desarrollo social, moral y económico de las naciones que la habitan. Vaclav Klaus, presidente de la República Checa, el país al que compete liderar a la Unión en el primer semestre de este año, pasó ayer como un ciclón por la tribuna de oradores del Parlamento Europeo con uno de los discursos más polémicos que se recuerdan en esta Cámara.

El líder checo, que desde que empezó su mandato se niega a presidir actos oficiales bajo la bandera europea, fue recibido entre los acordes del himno de la Unión. Pero en cuento la música dejó de sonar, Klaus empezó a tronar para poner en duda el carácter democrático del Europarlamento y del resto de las administraciones comunitarias. Con ello, provocó que gran parte de los eurodiputados abandonaran el pleno indignados, al ver cómo se ponía en cuestión la legitimidad de su representación. Los aplausos solo vinieron de los escaños más antieuropeístas del hemiciclo.

Verdadera democracia

«Siempre hemos pensado que el poder ser escuchados y defender nuestras posiciones, aunque sean diferentes, es lo que constituye la democracia auténtica», les dijo Klaus a las señorías que se marchaban y a las que lo abucheaban. Minutos antes cuestionó también la integración europea, mientras comparaba los procesos de toma de decisiones en la UE con los métodos autoritarios de los regímenes comunistas; negaba la existencia de una verdadera ciudadanía europea; cuestionaba el excesivo poder de los eurodiputados y en general de la «élites» políticas de la Unión, e incluso culpaba a la UE de la gravedad de la situación económica.

«El nivel de reglamentación de la economía sigue aumentando y en los últimos meses se han interpretado mal las causas de la crisis. Se dice que la había provocado el mercado, pero la causa verdadera ha sido la manipulación política de ese mismo mercado», espetó el presidente checo, en línea con sus conocidas posiciones ultraliberales.

Por supuesto, Klaus también renegó del Tratado de Lisboa, apenas veinticuatro horas después de que lo aprobara el Parlamento de su país, el único que todavía no se había pronunciado sobre el texto: «Los intentos de profundizar la integración europea podrían perjudicar las conquistas positivas que se han logrado en los últimos cincuenta años en Europa», advirtió. Rechazó explícitamente el aumento de competencias que el texto de Lisboa da a la Eurocámara, y auguró que, si llegara a entrar en vigor, esa reforma provocaría un aumento del «déficit democrático» que ya padece Europa.

Validez jurídica

Según la legislación checa, es Klaus quien debe ratificar con su firma el documento para otorgarle validez jurídica en el ordenamiento checo y europeo -el propio Tratado condiciona su puesta en marcha a su plena ratificación en los veintisiete socios-. Y aunque en su intervención ante la Eurocámara no quiso desvelar sus intenciones, en una rueda de prensa posterior dio a entender que hará todo lo posible por boicotearlo. «Un jugador de ajedrez nunca da pistas», apuntó.

El discurso de Klaus provocó que el presidente de la Eurocámara, el democristiano alemán Hans Gert Pöttering, cerrara el debate con una encendida reflexión en la que, además de las tradicionales palabras de agradecimiento y cortesía hacia las visitas ilustres, defendió el carácter democrático de la institución que dirige.

«En Europa vivimos en una democracia y todos podemos expresar nuestras opiniones», dijo Pöttering, quien recordó a Klaus que en uno de esos «parlamentos del pasado» que el propio presidente checo había citado en su intervención las cosas habrían sido bien distintas: «Usted ni siquiera podría haber dado este discurso», subrayó.