La guerra más fría

Elena Lalowa

INTERNACIONAL

Crece la indignación en los países del Este más vulnerables a la falta de suministro

09 ene 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

«Guerra fría». Así, escrito con grandes letras, es el titular con el que el diario 24 Tschassa llegó ayer a los quioscos de Sofía, la capital búlgara. Dos millones y medio de hogares de este país están equipados con un sistema de calefacción central que funciona a gas. Desde que los gasoductos dejaron de bombear, miles de personas padecen frío en Bulgaria, un país que depende en un 95% del suministro de Rusia y que es el más vulnerable a la interrupción del bombeo.

El corte del gas ruso fue total ayer y afectó a 16 países, si bien varios de ellos, como Austria, Alemania, Italia, República Checa, Turquía o Rumanía, están menos expuestos a la crisis porque disponen de recursos alternativos. En cambio, en los Balcanes la situación es de claro sufrimiento. Además de en Bulgaria, el padecimiento es alarmante en Bosnia y Serbia. En el este y en el sur de Europa la gente tirita de frío. Y la indignación empieza a crecer.

«No es correcto que Bulgaria sea la víctima de un conflicto de este tipo», dice su jefe de Gobierno. Varios jardines de infancia y colegios tuvieron que cerrar sus puertas. La industria está al borde del colapso y la gente toma por asalto los comercios para comprar estufas.

La situación no es muy distinta en Eslovaquia, donde miles de consumidores industriales no reciben gas para no poner en peligro el suministro de hospitales y colegios. Las centrales de PSA, en Travna, y de Kia, en Zilina, han parado su producción.

El descontento es especialmente intenso en Serbia, que acaba de vender su industria petrolera por un precio muy bajo a Rusia a cambio de la promesa de un suministro de gas seguro por parte de Moscú. Por encima, los precios de las estufas subieron en Belgrado hasta un 50%. Solo en Novi Sad, la tercera ciudad del país, hay 80.000 personas afectadas. Muchos intentan acomodarse en casa de parientes que utilizan madera y carbón para sus calefacciones. Y la situación ha empeorado dramáticamente en Pancevo, sede de la industria petrolera serbia.

Como un «drama en el asilo», describió el diario Blic la situación de 200 jubilados, de los cuales 60 no pueden valerse por sí mismos. La calefacción del asilo no funciona y no hay agua caliente.

En Kikinda, cerca de la frontera con Rumanía, y en Gornji Milanovac, 120 kilómetros al sur de Belgrado, los hospitales están en estado de emergencia. Casi todos los pacientes han sido dados de alta y solo los enfermos de gravedad seguirán siendo atendidos en salas comunes, si no son trasladados a clínicas de las ciudades cercanas. Se han pedido además radiadores eléctricos a los familiares para garantizar al menos temperaturas mínimas.

En la mayoría de las tiendas de Sarajevo se agotaron las estufas de combustibles sólidos. Solo en un centro comercial fueron vendidas más de 3.000 estufas desde ayer. También aumentó un 50% la venta de carbón y de leña.

Ya que el bombeo de gas tardaría varios días en alcanzar su nivel habitual en el caso de que el conflicto entre Ucrania y Rusia se solucione pronto, la mayoría de afectados pone su esperanza en una subida de las temperaturas. Los datos registrados ayer no invitan al optimismo, sin embargo. La ola de frío polar ha causado seis muertos desde el miércoles. En Alemania, una mujer sin techo murió congelada en su tienda de campaña cerca de la ciudad de Trier, en la frontera con Luxemburgo. La mujer, de 58 años, estaba cubierta solo por una manta, con temperaturas de -16º. En Polonia, al menos cinco personas murieron en las últimas 48 horas por el mismo motivo.