Los disidentes chavistas son los grandes perdedores, al quedarse sin cargos
25 nov 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Se está jugando mi destino», decía Hugo Chávez hace unos días en un acto en Maracaibo (Zulia). Y es que las elecciones regionales y locales del pasado domingo en Venezuela se las tomó como un plebiscito sobre él y su revolución bolivariana después de perder el del 2007 para reformar la Constitución y permitirse la reelección indefinida. Es más, en un mitin en Caracas aseguró que «perder al menos tres gobernaciones resultaría una derrota para el Gobierno nacional».
Y su vaticinio se cumplió. La oposición le arrebató el poder al Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) en Miranda, Táchira y Carabobo, que se vienen a sumar a los ya opositores estados de Nueva Esparta y el petrolero Zulia. En este, la victoria fue doble, la gobernación y la alcaldía de Maracaibo. El futuro regidor y ex gobernador, Manuel Rosales, adversario acérrimo de Chávez, dijo que «Venezuela ha empezado a cambiar» al quebrarse el dominio del mandatario.
Aunque bien es cierto que Chávez ganó en 17 de los 22 estados del país en disputa y esto podría interpretarse como una gran victoria, en el fondo es un triunfo con sabor amargo y que puede dar esperanzas a la oposición para torcer el destino que él había dibujado para el país.
Rasgos diferenciados
La cuestión es que entre los territorios chavistas y los opositores se aprecian unos rasgos muy diferenciados. Los cinco que gobernará la oposición son los más ricos y poblados. Y la base económica de los estados que dirigirán políticos afines al presidente es más agraria y están menos poblados, como el de Barinas. De allí es originario Chávez y allí hasta ahora gobernaba su padre. El domingo consiguió imponerse con escaso margen el hermano mayor del mandatario, Adán Chávez.
Un dato que refleja esa realidad poblacional y ocupacional es que casi un 44% de los venezolanos estarán gobernados a nivel regional por opositores, a causa de la concentración de la población en los núcleos-estados más industrializados y con mayor peso estratégico, Zulia, Carabobo y Miranda. En este último, la mano derecha de Chávez, Diosdado Cabello, se quedó sin bastón de mando.
Es decir, entre esas tres circunscripciones y las dos de Nueva Esparta y Táchira -fronteriza con Colombia y novena en población- suman doce millones de habitantes, mientras que la población de los 17 estados restantes, los chavistas, suman unos dieciséis millones.
El otro disgusto lo tuvo Chávez en el feudo de Caracas, donde la oposición le arrebató la alcaldía, el segundo cargo político más influyente del país después de la Presidencia. Pero puede seguir presumiendo de que su partido es la primera fuerza; por eso consideró que los resultados respaldan su programa y que el mapa sigue siendo «rojo, rojito». En cambio, los laureles de los contrincantes tendrán que repartirlos: en Zulia ganó Un Nuevo Tiempo, en Miranda lo hizo Primero Justicia, en Carabobo venció Proyecto Venezuela, Caracas es para Alianza Bravo Pueblo y en Táchira triunfó Copei.
Los miembros del PSUV pueden escarmentar con lo que le pasó a los disidentes del chavismo, PODEMOS y Patria Para Todos, que fueron pulverizados.