El juicio al chófer de Bin Laden pone a prueba Guantánamo

Tatiana López

INTERNACIONAL

Es la primera vista militar desde la apertura de esa cárcel y las dudas acerca de su legalidad planean sobre la causa

29 jul 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

A Salim Hamdan las patatas fritas del McDonall's le gustan más bien calientes, poco cocinadas y sin exceso de sal. Así lo confirmaban el pasado viernes dos de los agentes del FBI encargados en su día de interrogar al que fue chófer de Bin Laden y cuyo juicio por crímenes de guerra se convirtió la semana pasada en el primer proceso legal llevado a cabo en el penal de Guantánamo.

«Las patatas lo calmaban», aseguró ante el tribunal militar uno de los agentes llamados como testigos, no si antes afirmar «que el detenido no fue informado de sus derechos, porque en aquel momento ningún prisionero estaba sujeto a la previsión de Miranda».

Esta declaración, inconcebible en cualquier otro proceso llevado a cabo bajo autoridad estadounidense, es solo una de las decenas de excepciones a las que los presos de Guantánamo estarán sujetos durante el tiempo que duren los polémicos juicios militares de la isla, y cuya supuesta ilegalidad lleva años enfrentando al presidente estadounidense con la comunidad internacional.

Enzarzados en una lucha sin cuartel desde que George W. Bush decidió desposeer a todos los presos de Guantánamo de la protección otorgada por la Convención de Ginebra, ya que, según el líder republicano, los reclusos de la isla no son prisioneros de guerra sino combatientes enemigos, la última batalla entre ambos bandos terminó el pasado mes de junio después de que un juez estatal diera luz verde para el inicio del juicio de Hamdan.

La resolución, una afrenta directa al Tribunal Supremo del país, que unos días antes había reconocido el derecho del conductor a impugnar su detención, era también un punto final en la larga cadena de dictámenes referentes a un caso que en más de una ocasión consiguió poner contra las cuerdas al Gobierno de EE.?UU.

?Un caso para la historia

Arrestado por primera vez en noviembre del 2002, apenas unos meses después del ataque a las Torres Gemelas, el caso de Salim Handam se convirtió desde su inicio en uno de los más polémicos para la Administración estadounidense. Y es que, aunque calificado por la defensa como un colaborador muy cercano al líder de los talibanes, la imagen de padre de familia que tan solo desarrollaba sus funciones de chófer para ganarse la vida, pronto caló entre una prensa ansiosa de historias humanas. Quizás por eso, su caso fue uno de los primeros en saltar a los tribunales cuando en julio del 2004, y después de más de tres años de cautiverio, Handam fue acusado por un tribunal de conspiración terrorista.

Tras ganar su primera batalla en noviembre del mismo año, cuando un tribunal de la capital del país reconoció como incompetentes a los tribunales militares encargados de juzgarlo, su auténtico triunfo llegó dos años después cuando, otra vez el Tribunal Supremo, admitió que el presidente se había excedido en sus funciones al desposeer a los detenidos de su derechos internacionales.