«Nosotros también podemos responder», decía una nota junto a una cabeza decapitada hallada a ayer en Durango ( Zacatecas). Poco después se encontró el cuerpo coronado por una cabeza de cerdo. Cinco días antes habían aparecido en ese mismo municipio seis cabezas junto a otro narcomensaje .
Las decapitaciones forman parte del lenguaje entre narcos. Y es que, el alto grado de ensañamiento con las víctimas -cuánto más evidente, mejor- es un código entre las bandas mexicanas, con mensajes que no solo van dirigidos a sus rivales, sino al Gobierno, a las fuerzas de seguridad y a toda la sociedad.
Asesinatos múltiples a plena luz del día, cantantes de narcocorridos rematados en los hospitales, granadas en bares y discotecas, y tiros de gracia -aunque la causa de la muerte haya sido otra, para evidenciar que hubo ejecución-, son prácticas habituales. Igual que las torturas con signos de violencia extrema y las mutilaciones de diferentes miembros del cuerpo evidenciando el motivo del pleito también son parte de ese lenguaje. Por ejemplo, si se han mutilado los genitales es probable que el motivo haya sido sexual; pero si estos aparecen en la boca del muerto, es que era un soplón.
Algunos tardan varios días en morir. Otros llegan a los hospitales. Pero hasta los médicos están aterrados. Por ello, las autoridades de Tijuana proyectan la construcción de un hospital para atender solo a sicarios.