Esprint final en las primarias de Iowa

Tatiana López

INTERNACIONAL

Miles de voluntarios participan en el arranque electoral de EE. UU., que celebra hoy en este estado del Medio Oeste, el comienzo de las elecciones de candidatos

03 ene 2008 . Actualizado a las 02:28 h.

En la concurrida oficina electoral de Barack Obama en Des Moines, en el estado de Iowa, Rirack Sha atiende el teléfono de manera frenética. Estudiante de ingeniería, apasionado de la política y ferviente seguidor del político de Illinois, Sha lleva desde el 26 de diciembre trabajando una media de quince horas diarias tratando de informar al mayor número de personas sobre las virtudes de su candidato. «No solo es la persona que mejor representa las preocupaciones de los jóvenes, sino el único capaz de poner algo de luz tras ocho años de oscuridad», escupe a un votante al otro lado del auricular.

Cuando quedan apenas 24 horas para que se celebre la primera cita electoral del país -Iowa acude hoy a las urnas- miles de voluntarios desafiaban ayer en ese estado rural los 12 grados bajo cero en una cruzada que incluye visitas puerta a puerta, aluvión de llamadas telefónicas y, quizá lo menos gratificante, atender a los cerca de 2.500 periodistas desplazados a la zona.

«En estos momentos nadie te puede atender, pero si quieres puedes venirte más tarde con nosotros a visitar un barrio cercano», se disculpa Chris Chase, jefe de prensa de Hillary Clinton, y cuya oficina se encuentra a apenas unos metros de la de su principal rival. La cercanía de ambos espacios se mimetiza con la situación en las encuestas. Obama supera a Clinton en intención de votos por apenas unas décimas, mientras Micke Huckabee destaca apenas en las filas republicanas.

Un panorama demasiado incierto como para dejar la suerte al azar y que llevó a aspirantes como John Edwards, tercera opción entre los demócratas, a desarrollar un esprint final de once visitas en apenas una jornada.

Síndrome de última hora

El síndrome de la última hora se extendía incluso entre aquellos menos favorecidos por los sondeos. Improbables como el republicano Ron Paul, quien ha sido incluso excluido de los principales debates televisivos, atendía a mediodía las llamadas de una radio local. «¿Qué si voy a cambiar las relaciones con España?? no lo sé», asegura mientras corre a otra entrevista en la CNN. Enfocado en ganarse al público nacional, Europa o sus consecuencias quedan estos días lejos de una campaña centrada sobre todo en la seguridad nacional, la emigración y la economía. Precisamente temas como estos son los que elevaban hace apenas unas semanas al puesto de favorito al ex gobernador de Arkansas, Mike Huckabee, quien eligió a su seguidor fetiche, el actor Chuck Norris, para acompañarlo al final de una campaña tachada como «demasiado conservadora» desde los sectores moderados de su partido.

«Es que todos se han vuelto demasiado radicales o muy de izquierdas o muy de derechas, hay gente como yo que está de acuerdo con el aborto, pero también tenemos valores», se queja amargamente Jerry Ourton, ex ranger policial, natural de Des Moines y uno de los pocos que confiesa que no irá a votar. «Esperaré a ver quién sale y luego veré cuál de los dos tiene pinta de hacer menos daño al país», concluye entre risas.

Actitudes de indiferencia como la suya, y que en las pasadas elecciones llevaron a apenas 124.000 personas, en un estado de 2,8 millones de habitantes, a participar en los caucus, se han convertido en la peor pesadilla de los candidatos.

A la amenaza de la baja participación por desidia se une además la complicación del propio proceso, ya que los caucus no se efectúan por votación directa sino por debate. Una característica que exige a los participantes varias horas de dedicación. Una adversidad que ya ha sido contemplada desde varios comités. «Para aquellos que tengan problemas con los niños tenemos guarderías especiales, para los que no tengan chóferes pasamos a recogerlos. Hillary quiere que todo el mundo vote», asegura Chase. «Eso sí, que voten por ella», concluye.