Cientos de militares protegen campos petrolíferos ante el temor a revueltas a causa del referendo de hoy

INTERNACIONAL

02 dic 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

Todo está dispuesto en Venezuela para que más de 16 millones de personas acudan hoy a los centros de votación donde les aguardan más de 30.000 máquinas que les darán la opción de dar un sí o un no, total o parcial, al proyecto de reforma constitucional impulsado por el presidente Hugo Chávez. El mandatario dio órdenes para que cientos de militares protejan los campos petrolíferos ante el temor a que se produzcan revueltas por el referendo. Cada elector tendrá que pulsar tres teclas, luego recoger un papel emitido por la máquina y depositarlo en una urna. Si a la cita acuden más de nueve millones de venezolanos. Es decir, si la abstención no sube del 45%, a la vista de los resultados de los distintos sondeos y según los analistas más solventes, una propuesta de Chávez puede salir derrotada por primera vez desde que llegó al poder por las urnas hace ahora nueve años. Al margen de los sondeos, las condiciones objetivas para un triunfo del no a la reforma constitucional son inéditas. Todos los grupos de la oposición, sin excepciones, piden el no. Significados sectores del chavismo, que van desde los socialistas de Podemos -socialdemócratas, según precisa Mario Isea, líder parlamentario del PSUV- hasta grupos radicales de extrema izquierda, como Bandera Roja y algunas células de los Montoneros, como los del Sucre, están en contra de la reforma. Sin olvidar a personalidades tan significadas como el general Baduel, ex ministro de Defensa, y la ex primera dama Marisabel Rodríguez, que también apoyan el no. Pero lo más novedoso del escenario político es un movimiento estudiantil unitario que cuenta con unos líderes tremendamente dinámicos y responsables, que han tomado conciencia del momento histórico que les ha tocado vivir y están actuando en consecuencia. A esto se suma una crisis de abastecimiento de productos básicos como la leche, harina de trigo, azúcar, huevos, pollo, entre otros, que afectan a toda la población, pero muy especialmente a los que tienen menos poder adquisitivo. Las rentas del petróleo Con todo, habrá que esperar a los resultados porque, como dijo un ex embajador de España en Venezuela: «Aquí todo es posible, nada es seguro». Y es que este es un país donde falta la leche, abunda y se vende en cantidad el whisky de 18 años. En un país donde se compra un teléfono móvil cada dos segundos, donde los seis concesionarios de General Motors tienen lista de espera de meses para entregar los Hummer, unos todoterreno enormes que cuestan lo mismo que un apartamento en una zona residencial de tipo medio, puede pasar de todo. Fiebre consumista Amplios sectores de la población de Venezuela viven una fiebre consumista que antes de la llegada de Chávez era un privilegio restringido a unas élites. Esto evidencia la existencia de mucho dinero en circulación. Un dinero que procede básicamente de las altísimas rentas del petróleo, de negocios como la construcción y de otros no tan legales como, por ejemplo, el cambio paralelo de divisas. Si bien los grandes beneficiados de esta época de vacas gordas son los nuevos ricos del chavismo, los llamados boliburgueses, las migajas también llegan a amplios sectores populares, a través de las misiones sociales que cubren necesidades básicas y que al mismo tiempo han tejido una tupida red clientelar que funciona eficazmente en momentos decisivos como el de hoy. Estos grandes beneficiados del chavismo también votan. Por si sus sufragios no fueran suficientes, en el censo electoral hay dos millones de nuevas inscripciones de extranjeros -colombianos, andinos...-, que pueden dar mucho juego en caso de necesidad.