Cinco diputados del Parlamento afgano murieron en Baghlan, la vieja Bagolango, en el norte de Afganistán. El peor ataque suicida desde la caída de los talibanes, hace seis años, ha tenido lugar en una zona hasta ahora relativamente tranquila: la controlada por la Alianza del Norte y enemiga de los estudiantes islámicos radicales que dieron cobijo a Osama Bin Laden. Hasta ahora se había librado de los ataques que tienen como objetivo subrayar que el Gobierno pro occidental de Karzai no puede garantizar la seguridad de sus habitantes.
Entre los 52 muertos se halla Sayed Mustafá Kazimi, ex ministro de Comercio y portavoz del mayor grupo de la oposición, el Frente Nacional.
La zona del atentado es conocida por las tensiones entre el mayor grupo étnico que conforma el Gobierno, el tayiko, y el de los herederos del grupo de milicianos Hezb-i-Islami, cuyo líder es el fugitivo Gulbudin Hekmatiar, de etnia pastún, aliado de Bin Laden y de Al Qaida, aunque él lo haya negado.
Baghlan se encuentra a unos 150 kilómetros de Kabul y pasará a la historia reciente del país por ser la primera vez que los terroristas han logrado matar a tantos políticos de la capital de un solo golpe. Hasta ahora se había asesinado a gobernadores locales o a civiles en meras campañas de terror.
Este año es el más sangriento desde el 2001. Más de 5.700 personas han sido víctimas de la violencia. Entre los heridos del martes, decenas de niños que habían dejado sus escuelas, por unas horas, para acoger con banderitas a los visitantes y celebrar el éxito de la nueva azucarera, en la que trabaja parte de la población local.
Festejar el azúcar en un año, este, con la cosecha récord de opio. Afganistán exporta el 93% de la producción mundial de opiáceos. Su cultivo, producción y tráfico continúan sin sobresaltos, a pesar de suponer una amenaza constante a la reconstrucción del país, y minar la estabilidad y seguridad no solo de Afganistán, sino de toda la región.
Gran parte de los grupos terroristas se nutren de los beneficios del narcotráfico, y son tan determinantes en el presente político y económico del país que muchos lo han bautizado ya como narco estado. Los ataques terroristas son cada vez más sofisticados y sangrientos. En paralelo con el aumento de la producción y tráfico de narcóticos.
Estrategia a largo plazo
Coincidiendo con el ataque, en la sede de la ONU en Nueva York, el enviado afgano advertía que «combatir esa amenaza requiere una estrategia a largo plazo por parte de la comunidad internacional. Hasta ahora hemos fallado y podemos ver cada día como se desintegra la esperanza de los afganos en su futuro».
Solo en lo que va de año, 130 ataques suicidas ligados a talibanes han repetido el mismo mensaje de terror al presidente Karzai. Hasta el martes, sin embargo, el norte de Afganistán había escapado a esos estallidos de violencia.