El presidente está utilizando los gigantescos ingresos del gas y el petróleo para devolver a Rusia su papel de superpotencia, reforzando su arsenal con nuevas armas
20 ago 2007 . Actualizado a las 02:00 h.redacción | Vladimir Putin volvió el viernes a dar un paso más en su escalada de desafíos a EE.?UU. y Occidente. Esta vez fue su anuncio de que Rusia ha reanudado los vuelos de patrullaje de sus bombarderos estratégicos, capaces de portar armas atómicas, después de 15 años de interrupción. Esta decisión es una más entre muchas que tratan de recuperar el papel de su país como superpotencia mundial y que tienen ecos de vuelta a la guerra fría.
En el final de su segundo y último mandato, que acabará con las elecciones del año que viene, el ex agente del KGB está multiplicando sus retos. La «conquista» simbólica del Polo Norte, el veto a la independencia de Kosovo, la suspensión del tratado que limita las armas convencionales en Europa o la amenaza de que los misiles rusos volverán a apuntar a los países europeos -como respuesta al escudo antimisiles que George W. Bush quiere situar en Polonia y la República Checa- muestran el nuevo poder ruso.
Críticas a EE.UU.
Putin enseña músculo y no calla ante Estados Unidos, al que ha llegado a comparar con el Tercer Reich y le ha acusado de estar «hundiendo el mundo en un abismo de permanentes conflictos» con su «hiperuso de la fuerza».
En paralelo a la recuperación del orgullo nacional que le reporta una gran popularidad en su país, ha creado un régimen con fachada democrática pero autoritario en realidad. Ha debilitado, casi eliminado, a la oposición y amordazado a la prensa, con leyes como la que castiga el extremismo y que sirve para reprimir a los críticos. Analistas como Dimitri Furman aseguran que Putin tiene más poder de decisión que los zares o los líderes soviéticos.
Los asesinatos de la periodista Anna Politkovskaia y del ex espía Alexander Litvinenko, los dos más emblemáticos entre otros menos publicitados, han hecho disparar las alarmas por las sospechas de que son casos de terrorismo de Estado teledirigidos por el Kremlin.
Con todo, Putin cuenta con el 75% de apoyo de sus compatriotas y, si quisiera, cambiaría la Constitución que le impide ser reelegido y ganaría de calle las elecciones. Sus afirmaciones de que pretende seguir influyendo cuando deje el Kremlin han llevado a algunos analistas a decir que podría convertirse en un Deng Xiaoping a la rusa, que realmente tenía el poder sin ostentar ningún cargo. Todo apunta a que colocará en la presidencia al que fuera su compañero del KGB Serguéi Ivanov, actual viceprimer ministro del Gobierno, cuyo mandato podría ser tan sólo un breve interregno previo a la vuelta triunfal de Putin al poder, ya que sólo tiene 54 años.
El presidente ruso está utilizando los vastos recursos energéticos para devolver a su país el poder perdido tras la desaparición de la URSS en 1991. Rusia es un imperio energético que cuenta con más de la cuarta parte de los recursos mundiales de gas natural, el 17% del carbón y el 6% del petróleo. Precisamente, la clave del ascenso de Rusia hay que buscarla en los altísimos precios del crudo, que han producido una bonanza económica sin precedentes, con un crecimiento del 7%, que ha permitido a Rusia convertirse en el tercer poseedor mundial de reservas en divisas y pagar todas sus deudas. Paradójicamente, esta recuperación se la ha proporcionado su gran rival en la guerra fría, Estados Unidos, ya que la invasión de Irak ha sido decisiva para mantener el precio del petróleo a niveles récord.
Rearme sin precedentes
La lluvia de los gaso-petrodólares le ha permitido llevar a cabo un proceso de rearme y modernización militar sin precedentes en la Rusia postsoviética. Esta afirmación de poderío ha sido convenientemente publicitada por el régimen con dos objetivos: asegurarse la victoria en las elecciones parlamentarias de diciembre y en las presidenciales de marzo, alentando el nacionalismo, y advertir a Occidente de que el país cuenta con armamento suficiente para no dejarse amilanar. El sistema de cohetes S-440 Triunfador, que sustituirán a los famosos S-300, los misiles balísticos Topol-M y los nuevos submarinos nucleares equipados cada uno con 12 misiles Bulava-M de 10 cabezas son las estrellas del nuevo arsenal ruso. El presupuesto militar casi se ha duplicado respecto al 2001, aunque aún es 20 veces menor que el de EE.?UU.
Además, Putin hacía su anuncio sobre los bombarderos estratégicos en el curso de las mayores maniobras militares conjuntas de la historia con los chinos. Y tras una reunión de la Organización de Cooperación de Shanghai (que incluye a Rusia, China y varias ex repúblicas soviéticas), a la que fue invitada Irán y en la que su presidente, Mahmud Ahmadinejad, aseguró que el escudo antimisiles de Bush es una amenaza no sólo para Rusia, sino para toda Asia. Todo ello apunta a la formación de un frente ruso-chino-iraní para oponerse al «mundo unipolar» dominado por EE.?UU., que ha denunciado Putin.