Despiden a un escolta musulmán de Blair

Imanol Allende CORRESPONSAL | LONDRES

INTERNACIONAL

Un nuevo suceso viene a deteriorar aún más la precaria reconstrucción de las relaciones entre las comunidades musulmanas y occidente en el Reino Unido. Un policía británico en funciones de protección de altos dignatarios, entre los que se incluía al primer ministro británico, Tony Blair, presentó ayer una demanda contra Scotland Yard por discriminación racial y religiosa tras ser despedido del cuerpo policial, al ser considerado «un riesgo para la seguridad». Según la dirección de Scotland Yard, el «problema» de Amjad Farooq, de 39 años, miembro del prestigioso SO16, Grupo de Protección Diplomática, son dos de sus cinco hijos, de nueve y once años, quienes frecuentan una mezquita local asociada con un clérigo islamista a quien la policía relaciona con un grupo sospechoso de actividades terroristas. Además, Scotland Yard informó al agente de que «su presencia» podría «molestar» a los servicios secretos de Estados Unidos, con el que este departamento británico trabaja hombro con hombro en la protección de diplomáticos. El abogado de Farooq, Lawrence Davis, se negó a comentar los detalles del caso de su cliente, pero indicó que «vivimos en una sociedad donde es posible apuntar con el dedo a un musulmán en el extranjero con armas de destrucción masiva y que representa un riesgo para la seguridad nacional sin que nadie se haga preguntas. «Pero ahora, añade, quienes nos protegen se atreven incluso a señalar con ese mismo dedo a los musulmanes británicos, a los que se les culpa sólo porque son musulmanes, de hecho son culpables antes de que se pruebe su inocencia». No es el primer caso en el que una persona es despedida de su trabajo por su religión o raza en el Reino Unido en los últimos meses. El policía Alexander Omar Basha fue relevado como agente en la Embajada de Israel en Londres por sus relaciones familiares con el Líbano, y la profesora musulmana Aishah Azmi fue suspendida de su trabajo en una escuela de Hatfield, por negarse a quitarse el velo.