Treinta y siete niños entre las víctimas del bombardeo más grave desde el inicio de la ofensiva Olmert justifica el ataque y acusa a Hezbola de usar la aldea como base para lanzar cohetes
30 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.Al menos 54 personas, entre ellas 34 niños -según los datos de la policía libanesa-, murieron ayer bajo las bombas israelíes en la aldea de Caná, en el sur de Líbano, en el más mortífero de los bombardeos en los 19 días de ofensiva. Las víctimas se refugiaban en un edificio de tres plantas que resultó completamente destruido. Cuando llegaron los equipos de socorro, la escena en el lugar de los hechos era dantesca: madres, vestidas con pantalones de flores, yacían en el suelo, con los ojos aterrorizados, estrechando hasta ahogarlos a sus hijos para salvarlos. Del edificio. situado en la falda de una colina y recientemente terminado, ya sólo quedaba el tercer piso, que se sostenía en precario equilibrio. El propietario, un cultivador de tabaco llamado Abbas Hachem, construyó un sótano en el inmueble donde se habían refugiado vecinos y una decena de minusválidos mentales y físicos. Sesenta y tres personas, entre ellas 37 niños, había en el momento del ataque, según Fares Attiyah, encargado del abastecimiento del refugio. «He visto mujeres en posición fetal, pegadas a la pared, pensando que el tabique las protegería, cuando en realidad ocurrió lo contrario. Su elección fue fatal, los tabiques se derrumbaron encima de ellas», explicó entre sollozos Naim Rakka, responsable del equipo de Defensa Civil enviado al lugar. Los socorristas trabajaban con sus manos para sacar de debajo de las ruinas los cadáveres cubiertos de polvo. Extraían niños en pijama y los cubrían con una manta antes de transportarlos a una casa donde se improvisó la morgue. Al parecer, el ataque tuvo dos fases. «Hubo un primer bombardeo a la una de la mañana. Algunas personas salieron del edificio y, una decena de minutos después, un segundo bombardeo lo convirtió en ruinas», señaló uno de los supervivientes, Ghazi Aidibi. Sin poder moverse «Después del bombardeo, había polvo por todas partes. No se veía nada. Logré salir con dos niñas y todo se derrumbó. Hay varios miembros de mi familia dentro y creo que no hay supervivientes», declaró conmocionado por lo sucedido Ibrahim Chalhub, de 26 años. «El bombardeo fue tan intenso que nadie se podía mover. Las tareas de salvamento no comenzaron hasta esta mañana (por ayer)», agregó este hombre. «Saqué a mi hijo y a mi marido, Mohammad Chalhub, un parapléjico de 35 años, y lo dejé en un edificio porque ya no lo podía cargar. Pero cuando fui a sacar a mi hija, que se había quedado en el refugio, ya era demasiado tarde, el edificio se había hundido», se lamentaba una mujer . Algunos vecinos daban rienda suelta a su ira contra los estadounidenses. «El presidente norteamericano, George W. Bush, bebe su whisky y cuenta los muertos», gritaba histérico un habitante que había perdido a varios familiares. Otros calificaban a los israelíes de «asesinos». Israel responsabilizó a Hezbolá de la muerte de civiles en Qana al acusar al movimiento chií libanés de usar esa localidad como base para sus disparos de cohetes contra su territorio. El primer ministro, Ehud Olmert, inscribió el ataque en la ofensiva militar para acabar con el movimiento chií, puesta en marcha el 12 de julio tras la captura de dos militares israelíes por parte de este último. El primer ministro libanés, Fuad Siniora, descartó cualquier negociación, pidió «una investigación internacional» de lo sucedido y exigió «un alto el fuego inmediato e incondicional».