De los dos millones de turcos que viven en Alemania, 500.000 podrán votar el domingo; Schröder acudió ayer a pedir su apoyo
13 sep 2005 . Actualizado a las 07:00 h.En la línea ocho, que atraviesa el barrio multicultural de Kreuzberg, en pleno Berlín, abundan los ciudadanos de cabello oscuro que se esconden detrás del diario Hürriyet. También aquí, pero en la superficie, los carteles electorales de Gerhard Schröder dicen «Almanya¿ya Güvenelim». Aunque no habla una sola palabra del idioma materno de más de dos millones de sus conciudadanos, el canciller recurre a su lengua para llamarles a «confiar en Alemania». No es casualidad pues que ayer deparara una visita a la editorial europea de Hürriyet, cerca del Fráncfort del Meno. Cumplía 40 años de existencia este diario, que en Turquía es el número uno y que sólo en Alemania vende diariamente más de 50.000 ejemplares. En los últimos días de campaña electoral, lo último que importa es la procedencia del voto, el caso es tenerlo seguro. Casi medio millón de los turcos, que conforman la primera minoría del país, tiene derecho a voto. Nadie ha olvidado que en las pasadas elecciones, que el Gobierno rojiverde ganó por un estrecho margen, el «voto turco» fue decisivo. En el 2002, el 60% de los alemanes de origen turco votaron por el SPD. Un 17% lo hizo por los Verdes, y apenas un 12% se decantó por los democristianos. Nacionalizarse alemán En Alemania, donde rige el derecho sanguíneo, es casi misión imposible hacerse con un pasaporte teutón, aunque uno haya nacido aquí. O lleve más de quince años en este país, como Bedrettin Ozün. La mitad de su familia vive aquí, pero él no está dispuesto a renunciar a su pasaporte turco para nacionalizarse alemán. «La política no me interesa», explica en uno de los pocos momentos que se decide a interrumpir a su mujer, Katarzyna Hoh. Como hija de polacos de origen alemán, ella sí tiene la nacionalidad, y puede votar, al igual que en su día lo harán los dos niños y el que todavía lleva dentro. «Ya lo creo que iré a las urnas el domingo», dice esta pequeña empresaria de 35 años, que gestiona con su marido un kiosco, planea abrir un nuevo negocio y no descarta meterse algún día en política. Aunque admite no sentirse alemana, no quiere renunciar a decidir el futuro político de este país. Uno de los tantos que Schröder se apuntó en las pasadas elecciones fue precisamente la ley de nacionalidad, que flexibilizó la naturalización de extranjeros, aunque para los colectivos de inmigrantes se quedara a medio camino. El canciller confía en que esa ley, sumada a su defensa de la entrada de Turquía en la UE, le ayude a ganar el voto foráneo dentro cinco días. Además, no pierde oportunidad de emplazar a los socios europeos a cumplir sus promesas con Turquía e iniciar las negociaciones de adhesión. No así la CDU de Merkel, que defiende una «asociación privilegiada». Algo que sin duda le costará votos entre la población inmigrante.