Análisis | La represión en el reino alauí, a revisión Una «comisión de la verdad» impulsada por Mohamed VI dará voz a las víctimas de la represión durante el mandato de su padre, el rey Hasán II
18 dic 2004 . Actualizado a las 06:00 h.«Instancia de Equidad y Reconciliación». Señalaba un activista de derechos humanos que le resultaba sospechosa, en el nombre de esta «comisión de la verdad» marroquí que inicia esta semana sus sesiones, la ausencia de la palabra «justicia» o de la misma palabra «verdad». Pero es innegable que esta iniciativa del rey Mohamed VI de exponer a la luz pública los abusos de poder cometidos en Marruecos durante las últimas décadas es digna de encomio y sorprendente por su valentía. La Instancia de Equidad y Reconciliación (IER) surgió a mediados de año para animar a las víctimas de la represión del período 1956-1999 a que relaten en público las torturas sufridas o, en muchos casos, las desapariciones de seres queridos. Las primeras audiencias tendrán lugar en Rabat los próximos días 21 y 22, y para ellas se ha seleccionado una docena de testimonios. El hecho de que además vayan a retransmitirse por televisión garantiza una ceremonia catártica cuyo alcance es difícil prever, y ahí está lo valiente de la decisión, porque la comisión no podrá juzgar o perseguir. A estas sesiones seguirán otras diez en todo el país hasta el mes de abril, para concluir con la presentación de un informe con recomendaciones para la reforma del sistema judicial y policial del reino. ¿Qué es lo que mueve a Mohamed VI a este mea culpa insólito? Pues podría pensarse que hay en ello algo casi freudiano (en el sentido de «matar al padre»), puesto que la comisión investigará los crímenes de Estado de Hasán II, pero se detendrá convenientemente en 1999, la fecha del ascenso de Mohamed VI al trono. Mucho más fácil, sin embargo, sería interpretarlo como una compensación populista por el fracaso de las otras iniciativas reformistas del monarca, sobre todo en la lucha contra la pobreza. Y no sólo populista, porque lo cierto es que desde su ascenso al poder, Mohamed VI se ha apoyado en la clase política maltratada por su padre, formada por muchos ex-prisioneros políticos y víctimas de torturas. La paradoja, sin embargo, es evidente. Porque mientras la IER comienza sus sesiones Marruecos vive una ola de represión también sin precedentes, con los 2.000 arrestos (muchos de ellos arbitrarios) que siguieron a los atentados de Casablanca, las modificaciones de las leyes (12 días de arresto sin asistencia letrada) y las 17 penas de muerte dictadas en los últimos meses. Y es que pronto no será quizá el pasado, sino el presente, la asignatura pendiente de la democracia en Marruecos.