Uno era británico y otro sudanés, y trabajaban para Save the Children La portavoz de Unicef en Darfur entiende que la ayuda a la región llegó tarde y que antes de que el Gobierno permitiese el paso a las oenegés fue cuando se cometieron las peores matanzas
12 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.Alexandra Westerveek es la voz de Unicef en Darfur. Como tal, cabría esperar de ella opiniones institucionales y comedidas. Sasha no es así. No tiene pelos en la lengua. Ex empleada de IBM, un día se cansó de la empresa y decidió que lo suyo era ayudar a la gente. -¿Cuál es la situación humanitaria en Darfur? -La buena noticia es que, con el final de la estación de lluvias, estamos pudiendo acceder con ayuda a lugares donde antes no llegábamos porque los caminos estaban anegados. La mala es que hay otros a los que no podemos llegar por la inseguridad. Aún hay muchos combates. -¿Pero se puede decir que la situación ha mejorado? -Hay hasta 1.800.000 personas que necesitan ayuda. El problema es que al perder la oportunidad de sembrar, dependerán en los próximos meses de la ayuda internacional. Hay algunos que tenían algunas reservas y están aguantando. Es muy posible que en los próximos meses esta gente vaya los campos en busca de esa ayuda. -Hasta hace poco, el Gobierno no permitía a las oenegés acceder a Darfur. Ahora ha abierto las puertas . -Las mayores matanzas y saqueos se produjeron en diciembre del 2003 y en enero del 2004. Entonces no había casi nadie aquí. La presión internacional, que a mi juicio llegó demasiado tarde, hizo que el Gobierno abriera las puertas a las oenegés. -Quizás porque el trabajo sucio ya estaba hecho . -Sí, desde luego, en el período de tiempo en que no hubo casi presencia internacional se cometieron atrocidades. -Ahora hay cerca de 80 oenegés. Todo un récord. -El problema es que hay mucha gente intentando sacar provecho. Hemos tenido casos, no en Sudán, pero sí en otros países, en que oenegés que supuestamente pretendían hacer cosas por los niños, en el peor de los casos los vendían en el mercado. También hemos tenido oenegés que pedían fármacos y dinero para una causa y al día siguiente desaparecían sin dejar rastro. -¿Cómo se controla ese caos? -Bueno, por eso en Unicef sólo trabajamos con organizaciones a las que conocemos desde hace tiempo. No damos dinero al primero que se pasa por aquí. -¿Cuáles son los mayores problemas humanitarios que enfrenta Darfur? -El principal es la falta de agua. Desde el punto de vista sanitario, el problema es la malaria. -¿Cuál es el índice de mortalidad en los campos de refugiados? -La Organización Mundial de la Salud hizo una investigación que decía que cada mes mueren en los campos más de 10.000 personas. Pero esa cifra es muy controvertida. Ese estudio obedece más a la necesidad que tenía en ese momento EE.UU. de disponer de datos fuertes para lanzar su resolución en la ONU, que a la realidad. -¿Se puede decir que quienes están en los campos son los afortunados? -No. Porque los que han aguantado en sus aldeas tienen más recursos para sobrevivir. Los otros dependen enteramente de la ayuda. Además, a su alrededor hay toda una serie de gente intentando sacar provecho de ellos. Si quieren leña para cocinar siempre hay alguien que se la vende, pero entonces ya no hay dinero para pagar la comida. -¿Cuál es su previsión para el futuro? -Si el Gobierno no es serio en el tema de la seguridad, la gente estará en los campos druante mucho tiempo. -¿Y lo es? -Hasta principios de agosto, el Gobierno ha estado directamente implicado en los ataques a las aldeas. Estas últimas semanas también ha habido casos de implicación, pero no sabemos hasta qué punto.