En este pueblo controlado por el Gobierno empiezan las montañas del Jabal Marra, el bastión rebelde, donde, entre frentes, trabajan cinco españoles de Médicos Sin Fronteras
05 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.Golo es un pueblo fortaleza. Todo en ella recuerda que es la última localidad que controla el Gobierno y que aquí empieza el bastión de los rebeldes, las montañas del Jabal Marra. Las calles están surcadas de trincheras, en las que se apostan nidos de ametralladoras. El lugar, propio de una película de Cóppola: el paisaje, las casas y los soldados del Ejército sudanés fumando marihuana al atardecer recuerdan algo del clima de Apocalypse Now . «Aquí todo el mundo es rebelde, del Ejército de Liberación, la población simpatiza con ellos. En realidad los soldados del Gobierno aquí están solos», cuenta Ana Pericas, una doctora barcelonesa de Médicos Sin Fronteras que trabaja en Golo. Una breve observación sobre el terreno así lo confirma. Los soldados caminan por un cuartel propio de la primera guerra mundial. El Ejército sudanés era, antes de la guerra civil, el más potente de África. Ahora no es ni su sombra. Nos recibe el teniente Abdullah Abdullahi, a cargo de esta posición. Es un tipo serio al que no le gustan los periodistas. Viste uniforme de camuflaje y chanclas. «Desde hace algún tiempo aquí no hay grandes combates. Las dos partes respetamos el alto el fuego», dice. La experiencia nos dice lo contrario. Hace una semana hubo fuertes combates. Los rebeldes se enzarzaron en una lucha encarnizada por un lugar llamado Sahofu, una aldea destruida por los bombardeos que sirve de campo de entrenamiento al SLA. Al parecer, hay unos 2.000 guerrilleros en las cercanías. Los rebeldes lo defendieron con uñas y dientes porque desde ahí controlan que las milicias árabes, los yanyawids , no accedan a su terreno y ataquen las aldeas. «Son unos bandidos» Hemos llegado hasta aquí después de ocho horas por caminos de cabras. No son más de 200 kilómetros desde Nyala, y la mitad se hace deprisa. El problema comienza en Niertede, una de las principales bases del Ejército sudanés. Allí hemos visto, por primera vez en esta guerra, armas verdaderamente pesadas. Dos tanques soviéticos modelo 1955 que, al parecer, no se usan mucho. Niertede es, de hecho, un buen ejemplo de lo que pasa en Sudán. Al salir, un par de africanos negros con cara de susto nos han hecho señas para que diéramos la vuelta. «¡ Yanyawids , yanyawids . No sigan o los van a matar!», gritaban. Hemos vuelto lo justo para decirles a los soldados que las milicias estaban allí y si era seguro seguir. «No hay problema, sólo disparan para proteger su ganado», dice Shani, uno de los militares. El pueblo está lleno de refugiados que huyen de esos amantes de los animales. Y el Ejército no hace nada.