El escenario del nuevo paso en el proceso de paz de Colombia es un pequeño pueblo del noroeste donde los líderes paramilitares permanecerán seis meses concentrados.
17 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.La pequeña población de Santa Fe de Ralito, situada al noroeste de Colombia, nunca había recibido tantos visitantes extraños. Las gentes de esta tierra, una de las más ricas del país, viven básicamente de la ganadería, todos se conocen en los pequeños caseríos atravesados por carreteras sin pavimentar y, desde hace unos 10 años, nadie mueve un dedo sin el conocimiento de las Autodefensas Unidas de Colombia. En los últimos días esta aparente tranquilidad se ha visto alterada desde que el Gobierno colombiano y las AUC eligieran 368 km2 en la zona para concentrar a los máximos jefes paramilitares con unos 450 hombres de su seguridad, durante un período de 6 meses prorrogables y adelantar así un proceso de paz cuya etapa «exploratoria» comenzó el 15 de julio del 2003. El proceso, que será supervisado por una comisión de la Organización de Estados Americanos, pretende desmovilizar 20.000 hombres antes de diciembre del 2005. El fin del tira y afloja En cada uno de estos pueblos un grupo de paramilitares trabaja con la comunidad para poner todo a punto. El responsable de zona se reúne con la población para pedirles que limpien aquí y sieguen allá. Mientras tanto, entre platanales y bajo un calor de 30 grados, jóvenes excombatientes mutilados, que todavía pertenecen a las Autodefensas, caminan por las carreteras de tierra con sus muletas para ir colocando en cada árbol, en cada valla, banderas que despliegan eslóganes apoyando el proceso: «Nos la jugamos por la paz», rezan algunas de ellas. Muchos han sido los obstáculos que el presidente Álvaro Uribe ha tenido que salvar para llegar a decretar el pasado martes 15 de junio el inicio de la zona de concentración. Al caer la tarde de ese mismo día, Salvatore Mancuso, máximo líder de las AUC desde la desaparición hace un par de meses de Carlos Castaño, confirmaba el encuentro, en una población aledaña al lugar de la reunión, con el Alto Comisionado para la Paz del Gobierno: «Acabamos de firmar el acuerdo. Las negociaciones se iniciarán el día 1 de julio». Según afirmó el jefe del Estado Mayor Negociador de las AUC, «las diferencias (con el gobierno colombiano) han sido superadas». Hacía alusión a la desconfianza que expresaron hace apenas cuatro días cuando el Ejército adelantaba operativos en tierras aledañas, entrando en la finca de uno de los comandantes de las AUC, conocido como Adolfo Paz, quien en los 80 se hizo tristemente famoso por sus rencillas con el narcotraficante Pablo Escobar. Entre los muchos obstáculos que este proceso tiene que superar para llegar a buen puerto, dos son el dolor de cabeza del presidente: el futuro legal de estos hombres y la duda de si serán extraditados a Estados Unidos acusados de narcotráfico. El propio Salvatore Mancuso está solicitado en extradición por el Gobierno del norte, sin embargo, según sus propias palabras: «La comunidad internacional también es responsable de lo que ocurre en Colombia, por eso invitamos a Estados Unidos para que se sumen a esta negociación. Nosotros solos no podemos resolver el problema».