Este pequeño país mediterráneo saca provecho del mar por los cuatro costados, es uno de los que más barcos tiene registrados en el mundo y potencia con fuerza el turismo.
28 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.En las calles más importantes de La Valeta, la capital de Malta, ondean las banderas de los veinticinco países que a partir del 1 de mayo integrarán la UE. El emblema de la Unión comparte con el maltés un hueco en cada esquina de la ciudad. Los habitantes de la pequeña isla del mediterráneo que el sábado arrebatará a Luxemburgo el título de miembro más pequeño del club, llevan semanas celebrando la adhesión. Los exámenes de Bruselas han otorgado a Malta el mayor de los beneplácitos para el ingreso y el país se verá libre incluso de las restricciones para la libre circulación de trabajadores. «Es igual, no creo que muchos quieran irse de aquí. Hay trabajo de sobra y se vive bien con el turismo», asegura Massimo un siciliano que cambió su isla por esta otra y encontró empleo como guía de ocio. Para confirmar sus palabras basta con echar un vistazo a los letreros en los que se demanda personal que cuelgan de la puerta de varias tiendas. Otro cartel, éste en una inmobiliaria, anuncia la llegada de nuevos tiempos: «Malta entra en la UE, es el momento de invertir aquí», reza el aviso, que está acompañado por una lista de precios de terrenos y casas en venta. Oportunidad de invertir Aunque la oportunidad de inversión ya había sido descubierta mucho antes por algunos: el país es uno de los preferidos por los propietarios de compañías mercantes a la hora de abanderar sus barcos. Pese a su tamaño, la nación es una de las que más embarcaciones tiene registradas en el mundo. De hecho, la Unión Europea se detuvo especialmente a estudiar la política maltesa en este terreno para asegurarse de que la legislación marítima no ofrece cobertura a los temidos buques basura. «Nos han dado algunos consejos sobre ciertas mejoras, pero nada importante. Todo son cosas que podemos asumir», resume Lino Vassallo, el director del área de Marina Mercante de la Autoridad Marítima de la isla. En su cabeza, como en la de los inspectores de Bruselas, está muy presente el 12 de diciembre de 1999, la fecha del naufragio del petrolero con bandera maltesa Erika que marcó un hito en los desastres ecológicos de la navegación antes de la catástrofe del Prestige . Entonces comenzó el recelo, a nivel mundial, sobre la posibilidad de que el diminuto país mediterráneo fuera un mercado de banderas de conveniencia. «Ni lo fuimos, ni lo somos, ni lo seremos nunca», afirma contundentemente Vassallo. «Si algunos dueños de barcos eligen navegar bajo nuestra bandera es porque guardamos una buena relación con todo el mundo. No lo hacen esperando controles más ligeros, porque si es así, entonces no saben nada de Malta», explica el responsable de Marina Mercante, quien a continuación señala que «los malteses llevamos el mar en la sangre. Casi todo el mundo aquí vive de algo vinculado al mar. Si nos pasara algo como lo que les pasó a ustedes con el Prestige sería nuestra muerte. Somos los primeros preocupados en garantizar la seguridad marítima, pueden creerlo». Normas nuevas La isla adoptó numerosos cambios en su normativa después del desastre del Erika , pero «ya estaban previstos antes», comenta Vassallo, que recurre a un ejemplo concreto: «En noviembre de 1999 habíamos presentado a la UE nuestro rechazo a abanderar barcos de más de 25 años». Las palabras del mayor experto en tráfico marítimo de Malta resumen opiniones como la de Miriam Camilleri, alto cargo de una de las grandes consignatarias del país, para quien «con la adhesión de Malta y Chipre, la Unión Europea se convertirá en una de las mayores potencias mundiales en cuanto a número de barcos abanderados, es posible que incluso adelante a Panamá». «Somos un país serio» Camilleri trabajaba para el Gobierno cuando el Erika tiñó de negro costas francesas y participó en los encuentros internacionales que se celebraron tras el desastre. «Aquello fue una pesadilla -recuerda-, nos criticaron de una forma furiosa y fueron muy injustos. Somos un país muy serio y nuestros controles son ejemplares en ese terreno». Sin embargo, «cuando el número de embarcaciones que adoptan tu bandera es tan grande, tienes más posibilidades de que algo así le ocurra a alguno», asegura. Cuando se celebró el referéndum para el ingreso en la Unión Europea, el sector privado de las consignatarias no tenía nada clara la conveniencia de la adhesión. En realidad casi nadie lo tenía, como demuestra el escaso margen por el que venció el sí -contó con menos del 54% de respaldos-. Ahora, Camilleri asegura que «Malta seguirá manteniendo su estatus en el terreno marítimo y ganaremos el respaldo de la UE. Creo que a la larga saldremos ganando muchas cosas, pero por ahora tenemos que ser pacientes y esperar». MAÑANA, CHIPRE: