Análisis | Balance del poder de las potencias Estados Unidos ha logrado en el 2003 el éxito psicológico que buscaba tras el atentado del 11-S, mientras Europa ha perdido influencia internacional y se asoma a la «desunión» de la Unión
27 dic 2003 . Actualizado a las 06:00 h.El año que termina va a ser recordado, posiblemente, por una extraña imagen: la de un examen dental, el que le hizo un estomatólogo militar norteamericano a Sadam Huseín. No se trataba, naturalmente, de las caries, sino de la retransmisión de la mansedumbre del enemigo, y con esa intención ideó esos planos Richard Thatcher, el factotum mediático de la Casa Blanca. De paso, la imagen resume bien este 2003, el año en que Estados Unidos logró finalmente el éxito psicológico que buscaba desde que otra imagen, la de las torres gemelas derrumbándose en el 2001, le hubiese mostrado vulnerable. Irak ha sido la resolución de un conflicto por la fuerza, la victoria clara que Estados Unidos necesitaba y que no pudo escenificar en Afganistán. Al mismo tiempo, la guerra también le ha servido a la Casa Blanca para desarbolar tanto a las Naciones Unidas como a la Unión Europea, y sobre todo para desplazar definitivamente el concepto de «guerra contra el terrorismo» al más factible de la guerra por la hegemonía. A despecho del descrédito de la estratagema de las «armas de destrucción masiva», la operación tiene que considerarse un éxito para el presidente Bush. Tras otro año sin atentados (reales) de la organización terrorista Al Qaida y con las «alertas de colores» como único medio para mantener alta la adrenalina de sus administrados, el presidente tenía que reelaborar aquel concepto o ver desmontado el edificio de excepciones legales y patriotismo armado del año anterior. Otra cosa será la resaca de Irak. Pero eso será el año que viene. Europa Europa no sólo ha perdido influencia en la escena mundial. El año ha sido también el de la «desunión de la Unión». El conflicto por «las reglas del juego» se salda de momento con empate, quizás con una victoria del eje Berlín-París. Pero es una victoria pírrica, un simple anticipo de las escaramuzas que llegarán con los nuevos socios europeos (casi todos ellos, irónicamente, anti-europeístas). En política siempre es demasiado pronto para hacer un pronóstico, pero quizá hayamos presenciado en el 2003 el comienzo del fin del sueño europeo y el regreso a la simple unión económica y monetaria. Quizá. Rusia En Rusia, mientras tanto, el ciclo liberal (con su lacra de corrupción, tanto la heredada como la sobrevenida) ha dado paso a un nuevo (y viejo) autoritarismo que también se solidificará el año próximo en las elecciones presidenciales. Sudamérica De una manera menos espectacular, es en Sudamérica donde quizá el año haya marcado un cambio de tendencia más radical. El 2003 será recordado, seguramente, como el año del derrumbe definitivo de las políticas liberales ensayadas a principios de la pasada década. Ahí están las graves crisis de Bolivia, Argentina, Perú... Pero tampoco la alternativa socialdemócrata, el Brasil de Lula, ha cerrado un buen balance este año ni las perspectivas para el próximo son optimistas. Asia y África En una crisis similar, pero menos dura, los «tigres» asiáticos continuaban este año lamiéndose sus heridas, cada vez más lejos de la posibilidad (entrevista hace una década también) de jugar un papel estelar en el comercio y la economía mundiales. Mientras, en su rincón de la historia, África ha proseguido su solitario y silencioso naufragio en medio de la guerra y la enfermedad. Ha sido también en el 2003 cuando la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación) anunciaba que renuncia a su proyecto utópico de extirpar el hambre del mundo. Así se cierra, en fin, este año en el que la revista Time ha elegido como «personaje del año» al «soldado norteamericano», este año que ha visto el verano más caluroso del planeta desde que existen registros, este año que comenzó con la promesa de una pax americana y el temor a una conflagración global con armas químicas y bacteriológicas y termina con la banalidad de la boca abierta de un viejo dictador cuya dentadura se ha convertido en botín de guerra. No ha sido la única boca abierta, sin duda, ante los sucesos de estos meses, llenos de estupor. Como todos los años.