Crónica
17 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Intentos múltiples de suicidio, depresión, ansiedad. Arrestados sin cargos concretos, definidos como sospechosos de terrorismo pero sin derecho a un abogado y sin esperanzas de futuro. Algunos de los detenidos en Guantánamo tras la guerra de Afganistán que han tenido la suerte de ser liberados han contado su amarga historia de cautiverio en The New York Times, donde ayer se podían leer los testimonios de hombres como Mohamed, un paquistaní que intentó suicidarse cuatro veces durante sus 18 meses de estancia en Cuba y que fue liberado en abril. La incertidumbre de su situación, junto a las pésimas condiciones en las que permanecieron detenidos, -«durante cuatro meses solo tuvimos derecho a una ducha de un minuto a la semana, el único momento en el que nos dejaban salir de nuestras celdas» explica el afgano Suleiman Sha- unida a la incomunicación que sufrieron al ser situados juntos presos con distintos idiomas, les llevaron a atentar contra sus vidas en numerosas ocasiones. Oficialmente ha habido 28 intentos de suicidio por parte de 18 personas, y aunque ninguno ha muerto, uno de ellos ha sufrido daños cerebrales irreversibles. El 5% de los presos está en tratamiento por depresión, según el Pentágono. Los 35 ex presos entrevistados por el diario afirman no haber sufrido maltrato físico, aunque sí psicológico, ya que 10 o 20 presos estaban obligados a hacinarse en celdas de dos metros por tres, cubiertas por un techo donde se colaba la lluvia y el viento. De los 680 detenidos, sólo 41 han sido puestos en libertad. Sigue sin conocerse el destino de los que aún permanecen cautivos. Organizaciones como la Cruz Roja han solicitado que se les permita acceder a un abogado y se les juzgue cuanto antes para resolver su situación. Pero, lo único que se sabe es que el Gobierno planea juzgar a diez de los prisioneros ante un tribunal militar.