A un mes de asumir el cargo de presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, lanzó ayer el programa Hambre Cero, que comenzará de manera experimental en dos municipios paupérrimos de Piauí, el estado más pobre del país. Para Lula, la lucha contra el hambre es «fundamental para superar la miseria, la pobreza, la falta de oportunidades y la desigualdad social» y respondió a las críticas que consideran su plan asistencialista al explicar que la entrega de alimentos «es necesaria en la emergencia, aunque sabemos que no se acaba así con el problema». El plan es un pilar fundamental de su programa de Gobierno. Lula, de origen muy humilde, dijo que aspira a que al final de su mandato todos los brasileños puedan comer tres veces al día. Esta meta resulta afanosa en un país de 177 millones de habitantes, de los que 46 millones viven con menos de un dólar por día, en la décima potencia económica del mundo. El programa comenzará la semana próxima en los municipios de Guaribas y Acaua (estado de Piauí), al nordeste del país. Pero a lo largo del año deberá extenderse a otros 950 municipios para atender a 1,5 millón de familias indigentes. Para el fin de su mandato, llegaría a 46 millones de personas. El plan prevé la entrega de 50 reales (13 euros) por familia, para la compra de alimentos.