Las democracias hambrientas

Seis presidentes sudamericanos han caído en el último lustro a causa de un cóctel de corrupción, miseria y populismo autoritario


AHORA Chávez. Antes, Fujimori, De la Rúa, Cubas, Mahaud y Bucaram. En el último lustro la mitad de los países sudamericanos sufrieron crisis constitucionales que terminaron con la caída del presidente tras estallar un volcán social avivado por la corrupción y la miseria. Por el ritmo de las cacerolas y el derramamiento de sangre, la salida del poder de Chávez se asemeja a la del argentino De la Rúa, aunque su proyecto populista, personalista y autoritario lo emparenta con el peruano Fujimori.El vigésimo aniversario de la guerra de las Malvinas que se acaba de conmemorar supone también el cumplimiento de dos décadas en las que la democracia representativa se extendió por Latinoamérica. Fue lo que Samuel Hunington definió como la tercera ola democratizadora. Salvo excepciones como la cubana, las dictaduras quedaron desterradas y ni siquiera los militares argentinos aparecen como un factor relevante.Desigualdades crecientesLos sables enmudecieron. Las elecciones se generalizaron pero la corrupción se hizo más visible en una región sumida en una pobreza alimentada por unas enormes y crecientes desigualdades sociales. De este caldo de cultivo surgieron los arrolladores triunfos de Fujimori 1992 y de Chávez en 1999. Uno partía de planteamientos de derechas, de defensa del libremercado, y el otro de izquierdas, en contra del oligarca.Ambos moldearon los sistemas constitucionales a su medida, polarizaron a la sociedad, sustituyeron la corrupción de los partidos tradicionales por otra de nuevo cuño y tuvieron que hacer frente a una creciente contestación social.Fujimori dimitió en noviembre del 2000 desde su patria de origen, Japón, empujado por un escándalo, el de Vladimiro Montesinos, que también salpicó a Chávez, cuya caída recuerda a la de Fernando de la Rúa del año pasado.El repicar de las cacerolas, el símbolo del hartazgo social, retumbará en los oídos de Chávez y de De la Rúa durante años, mientras varias decenas de familias lloran a los asesinados en los graves disturbios que precedieron a sus dimisiones. A diferencia de Chávez y Fujimori, De la Rúa era un político experimentado, sin carisma y forjado en un partido clásico, la Unión Cívica Radical. El populismo lo había monopolizado en Argentina su predecesor Menem.Antes, los ecuatorianos Jamil Mahuad y Abdalá Bucarám y el paraguayo Raúl Cubas sumaron sus nombres a la lista de presidentes despojados. En cambio, el brasileño Fernando Henrique Cardoso encarna el ejemplo contrario, el del político que logra consolidarse en un entorno tan potencialmente explosivo como el brasileño. Cardoso está a punto de abandonar un poder al que permanece atornillado Fidel Castro.En la Habana se escucharán algún día eslóganes como los que sonaron en Caracas, Lima y Buenos Aires, coreados por rostros de indignación y desesperanza perpetua. En contra de lo que prometió el argentino Raúl Alfonsín, el fin de las dictaduras no ha dado ni pan ni trabajo. Al contrario, ha alimentado el hambre de verdaderas democracias.

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