«Me quitan la cámara y me echan»

La Voz

INTERNACIONAL

ATEF SAFADI

El enviado especial de La Voz cuenta como lo expulsaron de Israel como integrante de una delegación de observadores españoles Son casi las 5.30 de la tarde del Viernes de Dolor y mi viaje a Israel ha durado lo que tardan en consumirse unos cuantos cigarrillos. No ha habido llamada salvadora desde la Embajada y los servicios de seguridad isralíes me meten a la fuerza en un avión de Iberia para deportarme a España, apenas una hora después de poner los pies en Tierra Santa. La policía se ha quedado con el único testimonio gráfico de los atropellos sufridos por una delegación de ONGs europea. Son las imágenes de gente sacada a rastras desde el aeropuerto al avión. Pero ya son historia, la de un carrete confiscado y seguramente tirado en la primera papelera.

30 mar 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

A esta hora, la entrevista con Yaser Arafat, prevista para el día 5 en Ramala, es ya imposible. El rais está cercado en su búnker y yo encerrado en un avión que me deporta a España. Los altavoces del aparato piden disculpas por un retraso atribuido a la deportación de varias personas simpatizantes de la causa palestina. Parte de los pasajeros judíos no pueden sustraerse al síndrome del 11 de septiembre y me miran cual potencial terrorista. Tres personas -una pareja y un joven- abandonan el vuelo antes del despegue, al no sentirse seguros con nuestra presencia. A mi llegada a la cabina, se abre la primera y única luz de este viaje: la imagen de José Saramago, el Nobel que se mojó en Ramala en favor de los palestinos, aparece dormitando en su asiento. Pero nuestra odisea comenzó unas horas antes en el aeropuerto de Barajas. Allí, yo y los otros cinco integrantes de una delegación de observadores españoles como miembros de una ONG, pretendíamos tomar un avión de las líneas israelíes con destino Tel Aviv. En un almacén de carga fuimos cacheados, interrogados e incluso desnudados en un almacén de carga por los servicios de seguridad del avión. Después de una tensa espera, se nos permitió subir a un enorme Boeing rumbo a Tel Aviv. Eso sí, los seis españoles viajabamos separados del resto del pasaje, en total diez personas, que ocupaban los asientos de la parte delantera del avión. En el aeropuerto Ben Gurion fuimos nuevamente interrogados, cada uno por separado, sobre el motivo del viaje, sobre cuáles eran nuestros contactos en Israel, teléfonos y direcciones. Tras comunicarnos que debíamos marcharnos ya que no podían garantizar nuestra seguridad, las palabras fueron a mayores hasta considerarnos simpatizantes de la causa palestina. Las llamadas al embajador y a una diputada de Meretz no sirvieron de nada. Mi cámara captaba como los miembros de la ONG eran literalmente arrastrados a un avión. Imágenes que quedan sólo en mi mente. Un guardia me quita el carrete y me echa del país. Mi viaje finaliza en medio de mi desesperación.