Laura Bush, con las afganas

La Voz

INTERNACIONAL

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JAIME MEILÁN Corresponsal de La Voz en Nueva York CRÓNICA La «primera dama» justificó la ofensiva de EE UU para ayudar a las mujeres

17 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

OY Laura Bush y pronuncio el discurso semanal radiofónico para lanzar un iniciativa internacional sobre la brutalidad contra las mujeres y los niños por parte de la red terrorista Al Qaida y el régimen que apoya en Afganistán, el talibán. Con estas expresivas palabras la primera dama estadounidense marcó ayer un pequeño hito en la historia del país. Otras mujeres que le precedieron en su situación también intervinieron en el tradicional mensaje que sus maridos, los varones que alcanzan la Casa Blanca, lanzan cada sábado. Así, Nancy Reagan compartió espacio al menos en cuatro ocasiones con su querido Ronald. Y Hillary Clinton hizo otro tanto dos veces con Bill. Pero lo de ellas fueron meros duetos. Y lo de Laura un solo, sin pareja en el micrófono ni coros. Algo que no tiene precedentes en Estados Unidos. La primera dama dejó claro que ella domina la oratoria a la manera Bush. No tanto en su forma como en su contenido. Relató todos los malos tragos que el régimen talibán ha hecho pasar a las féminas afganas. Cómo las recluyeron físicamente tras las burkas, les prohibieron salir de casa sin compañía masculina, trabajar, estudiar a partir de los ocho años, llevar zapatos o calcetines blancos, calzado que haga ruido al caminar, o incluso reírse en alto. También recordó que los niños no pueden volar cometas bajo el gobierno integrista de Kabul. «Gracias a nuestros recientes triunfos militares en gran parte de Afganistán, las mujeres ya no están prisioneras en sus hogares. Pueden escuchar música y enseñar a su hijas sin miedo a ser castigadas», justificó. Pero la señora Bush no pudo quedarse en estas reflexiones. Su discurso era parte de una campaña orquestada por la Administración para poner un rostro más humano a su ofensiva bélica. Y ella tuvo que forzar la maquinaria. De ahí que se lanzara a componer la siguiente ecuación: «La lucha contra el terrorismo es también la lucha por los derechos y la dignidad de las mujeres». Con el siguiente matiz: su mensaje no es aplicable a la mayoría del mundo musulmán, recalcó. «Sólo los terroristas y los talibanes prohíben la educación de las mujeres. Sólo los terroristas y los talibanes amenazan con arrancarles las uñas si se las pintan». En el tintero se dejó lo que ocurre en otros países aliados de Washington. Nada dijo sobre las abayas, en lugar de burkas, obligatorias para las féminas en Arabia Saudí. Ni que allí tampoco las mujeres pueden conducir, viajar solas, o estudiar derecho o ingeniería. Ni que en Kuwait no pueden ocupar cargos públicos. Ni que, curiosamente, en Irak se pueden ver faldas cortas, vestidos ajustados o mujeres en altos cargos del régimen.