Opio, divisa segura

La Voz

INTERNACIONAL

J. Á. FARIÑAS CRÓNICA Los afganos contraatacan sacando al mercado sus ingentes reservas de heroína

05 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

A voz de alarma fue lanzada ayer en Viena por Bernard Frahi, coordinador del programa de la ONU para la fiscalización de drogas para Pakistán y Afganistán, el mismo que había conseguido hace poco más de un año el compromiso del mulá Mohamed Omar para erradicar los cultivos. De los campos de Afganistán salieron en el año 1999, según datos oficiales de la ONU, 4.600 toneladas de opio, la materia base para la producción de morfina. Una producción que en los laboratorios ubicados dentro y fuera del país se transformó en el 75 % de la heroína que llegó al mercado mundial y el 90 % de la consumida en Europa. Esta droga lleva camino de convertirse en la gran arma secreta de Kabul contra sus agresores occidentales. Es bastante más mortífera que el carbunco. Cada año causa más víctimas en el mundo occidental que el ataque contra las Torres Gemelas. Pero, sobre todo, es más lucrativa para los que controlan su producción. El Observartorio Geopolítico de Drogas (OGD), una organización no gubernamental con sede en París, en su informe del año 1997, ya cifraba en más de 75 millones de dólares anuales la recaudación obtenida por los talibanes por el peaje aplicado a los cultivos de amapola y a los laboratorios para la producción de heroína. Los cuatro años de sequía que asolaron el país y tenían a los campesinos afganos sumidos en la desesperación económica, llevaron al mulá Mohamed Omar hace un par de meses a anunciar el levantamiento de la prohibición del cultivo de adormidera. Por si ello no fuera suficiente, llegó la guerra. Así, la heroína se convirtió una vez más en divisa segura. Frahi, en declaraciones efectuadas ayer a varios medios austríacos, considera que la fatwa dictada por Omar en julio de 2000 y que redujo la producción de opio de Afganistán de 4.600 toneladas en 1999 a 185 toneladas, este año ha quedado en suspenso debido a que el tráfico de heroína se ha convertido en la única fuente de ingresos para los talibán tras su aislamiento internacional. Caída de precios Además, el funcionario de la oficina de la ONU con sede en Viena recuerda que desde 1998 a 2000 Afganistán produjo más de 10.000 toneladas de opio, de las que más del 30 por ciento se encuentran aún almacenadas en el país y servirían para cubrir durante tres años las necesidades de los mercados mundiales de estupefacientes. Días antes del comienzo de los ataques aliados el precio del kilo del opio afgano se había desplomado de los 500 a los 100 dólares. «Almacenar opio es como disponer de una cuenta corriente», comenta Frahi, quien subraya que «se trata de la única y segura divisa que funciona en Afganistán», país que en la última década ha liderado el mercado mundial de la heroína, en detrimento de los productores tradicionales del suroeste asiático. Frente a otros productos agrícolas perecederos, el opio y su derivado, la heroína, son almacenables durante largo tiempo y cuentan con la ventaja de que, mientras el grano, la verdura o la fruta deben ser transportadas a los mercados, son los propios traficantes quienes recogen la mercancía ilegal directamente del productor. El experto de la ONU destaca igualmente que un campo sembrado de adormidera es ya de por si una garantía de crédito y los campesinos reciben dinero hasta seis meses antes de la cosecha, como si se tratase de una «opción de futuro bursátil», pero en un contexto medieval. Los agricultores «echan habitualmente mano de sus reservas de opio almacenadas cuando necesitan comprar zapatos, visitar al médico o celebrar la boda de una de sus hijas», dice Frahi, quien subraya que la guerra no ha hecho sino confirmar a los campesinos en su intención de plantar adormidera y cosechar opio, producto convertido en garantía financiera ante la crisis bélica.