Una investigación de 1999 concluyó que Bin Laden no pudo cometer todos los atentados que se le imputan El diario paquistaní «Dawn» dibujaba la imagen de un Osama Bin Laden a caballo por las resecas montañas afganas, en busca del escondite más recóndito. Este perfil de héroe medieval contrasta con el que lo sitúa bajo tierra, en un búnker conectado a través de mensajes encriptados por Internet con sus «durmientes» en todo el mundo. La realidad quizás esté en medio de estos dos mundos de leyenda. Y su capacidad destructiva, según algunos analistas, a medio camino de lo que EE UU le imputa. Bin Laden es en cierta medida un icono tanto para los musulmanes como para los estadounidenses: el héroe invencible o el enemigo con rostro.
19 sep 2001 . Actualizado a las 07:00 h.En 1999, una investigación del prestigioso semanario Newsweek quiso separar la paja de la leyenda del grano de la realidad y acercarse a la figura del que ya entonces era el enemigo de América. La conclusión fue ésta: Bin Laden se convirtió en un mito porque la tumultuosa realidad musulmana necesitaba un héroe y Washington precisaba poner rostro a un enemigo multiforme, repartido por el mundo. Bin Laden cruzó la línea del antiamericanismo más furibundo en agosto de 1996, cuando publicó su ya famosa Declaración de Yihad (guerra santa). En 1998, tras una reunión con grupos terroristas, el saudí hizo un llamamiento para atentar contra intereses yankees en todo el mundo. Terrorista global Es en este momento cuando los expertos citados por Newsweek creen que Osama se convirtió en el terrorista global que ahora se persigue, referencia de un número indeterminado de células que integran Al Qaida (La base), la madre de todos los grupúsculos, nombre que ya había utilizado como paraguas en Afganistán. Poco después llegaron los ataques a las embajadas de EE UU en Kenia y Tanzania y hay pruebas de que Bin Laden estaba detrás de las bombas. Pero lo curioso es que los servicios de seguridad norteamericanos le atribuyen cinco atentados entre febrero de 1993 y junio de 1996 que muy difícilmente pudo haber inspirado o cometido el terrorista saudí. El ministro del Interior saudí, el príncipe Nayef, negó varias veces que Bin Laden fuera el responsable de los dos atentados en su territorio. Una cuestión importante, pues Arabia Saudí le considera un disidente y le ha privado de su nacionalidad. Newsweek concluía: «Washington, en su carrera por demonizarle, quizás le ha culpado de demasiadas cosas». La demonización de un individuo sin duda peligroso alcanzó su apogeo en los días posteriores al mayor atentado del mundo. También su mitificación. El terrorista más global parece tener cuentas bancarias, empresas e infraestructura en todo el mundo. El tiempo dirá.