Del miedo a la rabia

La Voz

INTERNACIONAL

MARA MAHÍA DIARIO DE UNA GALLEGA EN NUEVA YORK Manhattan intenta recuperar la normalidad entre el caos y la vigilancia policial

17 sep 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

O hace falta que suene el despertador. No hay forma de dormir, es la angustia. Son las ocho de la mañana y no sé qué día es hoy. Hilando cabos, deduzco que acaba de comenzar la semana. ¿Cómo me ganaba yo la vida? Ah, sí, libros para niños bilingües. Niños. ¿Cómo se lo explican a los niños? Una señora contaba que siempre le ha dicho a su hijo que, si se pierde, mire al cielo, a las Torres, y que así sabrá cómo regresar a casa. Ahora su hijo le pregunta cómo va a encontrar el camino. Ayer desayuné con Ana y John. Se habían pasado la noche cargando camiones con comida, agua, pilas para linternas y cigarrillos. Condujeron un camión hasta la zona del atentado y pasaron hasta seis controles. Los bomberos les recibieron con gritos de alegría. Vacío y rabia En la oficina, mi jefa argentina, Silvia, me da dos besos y un abrazo. No sabemos qué decirnos, los sentimientos de vacío se van transformando en rabia. El otro día me pasé cinco horas en One Police Plaza, el cuartel general de la policía, para conseguir un pase de prensa. Había periodistas de todo el mundo y terminé comiendo pizza con Takehiro Wako de la NHK; Laure, de Le Monde; Mary, una fotógrafa cubierta de cámaras en plan Vietnam, del Santa Clara News; Eduardo, de una radio de Costa Rica; y dos o tres descastados de Univisión. La salud de los bomberos Laure ha hablado con un psiquiatra sobre el estado mental de los bomberos. Lo del shock es más complicado que las fases de la luna. Primero, negación del suceso. Segundo, miedo y enfado. Tercero, distanciamiento y bloqueo emocional. Finalmente, hay dos opciones. Una, la anestesia emocional, o sea, ni sentir ni padecer. La otra es todo lo contrario: un cabreo horroroso, el demonio en el cuerpo. Todavía no sé en que fase estoy, pero hace días que estoy como en la luna.