Manhattan, la isla de los escombros

MARA MAHÍA

INTERNACIONAL

Los neoyorquinos sufrieron ayer noventa amenazas de bomba Me levanto sin ganas, enciendo el televisor y mientras me despierto me doy cuenta de que no ha sido un sueño. Continúan escarbando en los escombros, usan perros y cientos de bomberos. Giuliani, el alcalde, está dando una rueda de prensa en el St. Vincent Hospital. Se han pedido 6.000 bolsas, aunque dice que tal vez no serán necesarias.

14 sep 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

En las noticias cuentan que se ha establecido una morgue cerca del Columbia Medical Center, transportan cadáveres o lo que queda de ellos en camiones refrigeradores, como los de Pescanova. Hay decenas de ellos frente al Hospital. Han montado otro depósito de cadáveres, mejor dicho de partes de cuerpos, en una sastrería de la zona sur de la ciudad. Una sastrería recogiendo partes humanas, qué ironía. Dicen que hay alguien atrapado que lleva horas mandando mensajes desde un beeper. Tratan de mantener el área en silencio, por lo menos durante cinco minutos, para escuchar señales de móviles, gemidos, lo que sea. Han encontrado cinco bomberos bajo los escombros, vivos, llevaban horas comunicándose con un beeper con los servicios de emergencia. No, lo desmienten, no eran cinco, eran dos. Algo es algo, alguien es algo. Amenazas de bomba A pesar de que anoche hubo una amenaza de bomba en el Empire State y de que evacuaron la zona, decido ir a la oficina, la única forma de poder hacer llamadas sin problemas. En Midtown, en Two Penn Plaza, justo sobre el Madison Square Garden y sobre Penn Station, donde está mi oficina, hay decenas de policías, pero todo parece normal, exceptuando que debo enseñar un carné para identificarme y firmar con mi nombre, el de mi oficina y la hora de entrada. Arriba, en el piso 23, con ventanales enormes, casi no me atrevo a asomarme para no ver que no veo las Torres. Sólo algunos de mis compañeros han podido coger el metro, y están con caras largas. La gente se junta en corrillos y se oyen murmullos e historias de a quién conocía y dónde me pilló. No han pasado ni dos horas cuando alguien me dice que tenemos que evacuar el edificio. Salgo a la calle y veo la Séptima Avenida. Están desalojando todos los edificios y hay cientos de personas en la calle. Por un segundo se me ocurre que todo ha vuelto al barullo de la normalidad. Más tarde me entero de que hoy ha habido noventa amenazas de bomba en Manhattan. Saco algunas fotos de una estación de bomberos en la calle 31. Hay flores, fotos de los desaparecidos y un camión que acaba de llegar cubierto de polvo y ceniza. Sobre las cenizas, la gente se ha ocupado de dejar sus huellas, haciendo pintadas de agradecimiento y de ánimo. Los bomberos de Nueva York se han ganado a la ciudad. Paz, venganza Son las dos de la tarde cuando escribo esto, y en New York-1 hablan de la posible caída del Liberty Plaza y de la fachada del edificio de American Express. De regreso a casa, cruzo Union Square, una de las plazas más emblemáticas de la ciudad y probablemente del país, por las manifestaciones y protestas desde su fundación tras la Guerra de Secesión. Ayer, al sur de la plaza, alguien construyó una pequeña réplica de una torre y sobre ella varios alambres retorcidos. Todo está lleno de mensajes, algunos hablan de paz y los peores piden venganza. Cuentan que en Long Island, una isla que se alarga cerca de Manhattan, un tipo borracho trató de atropellar a una chica de turbante, gritándole: «¡Los árabes estáis destruyendo este país». La policía lo arrestó. La chica era paquistaní. No puedo imaginar nada peor que ser árabe y vivir en Minessota, Nebraska, Texas o Michigan. Allí no hace falta un acto terrorista para que te insulten simplemente por hablar inglés con acento extranjero. Por la tarde, Giuliani dice que se han recuperado 94 cadáveres y 75 partes de cuerpos. Ya hay 30.000 bolsas disponibles. Se habla de más de 5.000 muertos. Un hombre llora en la pantalla, busca a su hermano, no lo ha visto desde el martes por la mañana, cuando lo dejó camino de las Torres. No deja de llorar y dice que se siente como los edificios, destruido.