El ajuar de lujo de Fox

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MERCEDES LODEIRO PAZ CRÓNICA El presidente mexicano usa toallas de 90.000 pesetas

21 jun 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

ICENTE Fox, amante de la vida ranchera y de las botas camperas, también lo es de la buena vida. Hasta aquí todo correcto. Pero que se haya gastado cien millones de pesetas del bolsillo de los mexicanos en un ajuar de lujo -87 toallas a 90.000 pesetas cada una, sábanas de más de 250.000, manteles a más de un millón de pesetas, vajillas a 800.000 y otros enseres- es considerado un escándalo por miles de conciudadanos suyos cuyo salario mínimo -740 pesetas al día- no les da ni para secarse la cara con un trapo. Ese Vicente Fox es el que cuando llegó a la residencia oficial Los Pinos publicó a los cuatro vientos la supresión de una piscina olímpica, por considerarla un exceso. Poco después prometió disminuir el gasto en Defensa y destinar más recursos a programas sociales. Cuando todo el mundo estaba pendiente de lo que se le venía encima con la marcha zapatista hasta la capital mexicana, hábilmente se sumó a ella e hizo oídos sordos a las críticas de Marcos. Una vez más, ahora, ante la lluvia de críticas, el sibarita Fox no se ocultó y cogió el toro por los cuernos. Echó mano otra vez de su sinceridad para afirmar: «¡Qué bueno que la prensa haga saber a todo el mundo el precio al que compramos las toallas aquí, en la casa de ustedes, eso es transparencia!». Claro que estas palabras fueron pronunciadas el martes durante un acto en el que admitió que es necesario buscar financiación para incrementar los recursos en Sanidad. No midió bien el coste político. La portavoz de la Presidencia, Martha Sahagún, se apresuró a aclarar que ella no encargó las compras y que, en su momento, se aportarán las facturas. Y problema resuelto. Carlos Rojas, asesor presidencial, completó la explicación afirmando que «no se ha pagado más de lo necesario» y todavía tuvo la desfachatez de recordar que las toallas... se quedarán en Los Pinos cuando acabe el mandato de Fox, dentro de seis años. El presidente del partido de Fox, Acción Nacional, Luis Felipe Bravo, admitió que deben «investigarse» esos gastos. Otro alto cargo de la oficina presidencial afirmó que el Gobierno está dispuesto a ser examinado «hasta los calcetines» para que se compruebe que se «está gastando muy poquito». Pero huele. La oposición no ha perdido la oportunidad de pasar al presidente una factura política por este derroche y recordarle sus promesas de austeridad y sus compromisos con los pobres. El hecho, dicen, puede ser legal pero es a todas luces inmoral y ofensivo. Y le advirtieron que su legitimidad democrática no es un cheque en blanco. El PRI afirma que el despilfarro, la corrupción y el uso ineficiente de los recursos públicos socavan la confianza de los ciudadanos en sus instituciones. El escándalo es tal que la institución encargada de vigilar el cumplimiento del presupuesto en la Administración, la Contraloría, ya ha anunciado que realizará una auditoría. Eso sí, el presidente reconoció por primera vez que la economía del país se encuentra en recesión. Se olvidó de hablar con Tony Blair, quien se acaba de subir el sueldo un 40%.