Dinamarca dijo ayer «no» al euro al término de un referéndum cuyo resultado podría fragilizar aún más a la ya afectada moneda única y frenar la integración europea. Con el 93% de los votos escrutados, los euroescépticos ganaban con el 53,1% frente al 46,9% de los que apoyan la entrada en el euro.
29 sep 2000 . Actualizado a las 07:00 h.Por su parte, el primer ministro danés, Poul Nyrup Rasmussen, aseguró anoche que el «no» de los daneses constituye «una derrota para mí, para nosotros, para Dinamarca», a la vez que asumió «toda la responsabilidad». Los detractores de la moneda única mostraron rápidamente su alegría por los resultados. Holger K. Nielsen, presidente del Partido Socialista del Pueblo (PSP, de extrema izquierda), acusó al primer ministro socialdemócrata, Poul Nyrup Rasmussen, que hizo campaña por el sí, de haber hecho una «apuesta arriesgada» sobre la política europea del reino. La presidenta del Partido del Pueblo Danés (de ultraderecha), Pia Kjaersgaard, calificó la decisión de «victoria para la democracia, la autodeterminación y la soberanía del país». Ya en las filas de los partidarios del sí, el líder del Partido Liberal, Anders Fohg Rasmussen, consideró que el país acaba de expresar su «temor a una Europa federal». El escrutinio fue seguido de cerca por los otros catorce Estados de la Unión Europea, particularmente en Suecia y el Reino Unido, dos países que tienen en principio la idea de incluirse en la zona euro. En Estocolmo, el primer ministro socialdemócrata sueco, Goran Persson, reconoció que el rechazo de Dinamarca tendrá «una influencia» en el debate que debe preceder al referéndum que Suecia debe celebrar, en una fecha aún por determinar, sobre la tercera fase de la Unión Económica y Monetaria. En la localidad británica de Brighton, el primer ministro laborista, Tony Blair, declaró que el resultado del referéndum danés no modificará en nada la posición de su país. Blair tiene previsto organizar un referéndum sobre la moneda única al comienzo de la próxima legislatura, que comenzará en la primavera del 2002, siempre que considere suficiente la convergencia de las economías de la zona euro y la del Reino Unido. Los mercados financieros han seguido también con interés la votación danesa, que supone la primera auténtica prueba para la frágil moneda única, que recibió el viernes el apoyo de los bancos centrales del G7 en una intervención sin precedentes.