El Celta cree en la utopía del siglo

X.R.C. VIGO

GRADA DE RÍO

Javi Rueda y Fer López, durante un juego en el inicio del entrenamiento previo al partido. Los célticos parecen haber recuperado la sonrisa después de dos días duros.
Javi Rueda y Fer López, durante un juego en el inicio del entrenamiento previo al partido. Los célticos parecen haber recuperado la sonrisa después de dos días duros. M.MORALEJO

El mensaje de que la remontada es posible ha calado en todos los estamentos y Giráldez, el primer convencido, apostará por un once ofensivo para buscar el milagro de las semifinales

16 abr 2026 . Actualizado a las 04:00 h.

Creer: tener confianza en alguien o algo. Si hace ocho años el Celta decidió enseñarle al mundo el significado de afouteza, en esta ocasión, Claudio Giráldez se ha convertido en el apóstol de la palabra creer: de la remontada y del vuelco radical con respecto a los dos últimos partidos para plantarse en las semifinales de la Europa League.

Y el entrenador, que este miércoles mostró su pleno convencimiento en lograr la gesta, ha prendido la mecha de esa creencia en la remontada en todo el celtismo. Se lo cree la afición, que llenará el campo pese al 3-0 adverso de la ida, y se lo creen los jugadores, que han cambiado las caras largas de los momentos posteriores al partido de ida en el Europa Park-Stadion por una sonrisa en la sesión previa al partido más esperado de los últimos tiempos. Sin nada que perder, porque ya nadie cuenta con el Celta en la penúltima instancia después de la bofetada de Friburgo, y con mucho que ganar.

Para hacer historia, el conjunto vigués sabe que debe adentrarse en territorio desconocido. Su única gesta para levantar un 3-0 data de 1968 y fue en la Copa española, entonces del Generalísimo. Aquel Celta de Manolo Rodríguez y Lezcano, entre otros, también creía y tenía la ilusión por bandera. Y, como ahora, nadie contaba con ellos.

Pero para creer y soñar es necesario contar con argumentos sólidos, y Claudio parece tener en su cabeza un plan de partido audaz y arriesgado a la par. Sin Carl Starfelt, cuya lumbalgia se está convirtiendo en una pesadilla, y en un mar de dudas a nivel defensivo para el conjunto vigués, y ante la necesidad de apostar por un once de marcado corte ofensivo, no sería nada extraño que el entrenador de O Porriño se decantase por un 4-3-3 con dos centrales: Javi Rodríguez y Marcos Alonso. Esa probable reformulación táctica colocaría a Javi Rueda y Sergio Carreira como laterales.

En este escenario, Matías Vecino, que en plena puesta a punto, podría ser el tercer central en fase defensiva y el centrocampista encargado de equilibrar a la hora de proyectar el ataque. El uruguayo, que además aporta unos centímetros importantes ante las torres germanas, formaría en un trivote con Ilaix Moriba y un tercer elemento que podría ser Fer López si arranca el partido en la base.

Arriba, es una contienda para creer en la magia de Iago Aspas, en la capacidad de trabajo y de remate de Borja Iglesias y en el buen momento que atraviesa Ferran Jutglà, uno de los jugadores más en forma. El capitán siempre aparece en los días más especiales: A Nosa Reconquista, Getafe... y hoy es uno de ellos.

El plan de juego pasa por la valentía. Ha llegado de momento de quitarse el corsé del que hablaba el técnico cuatro días atrás y jugar con descaro, mostrando todas las señas de identidad, buscando al rival y demostrando que la diferencia entre Friburgo y Celta no es la del jueves pasado. Y, lo más importante, no cegarse, porque todo indica que los alemanes saldrán a presionar alto, a marcar a pares y a regalar intensidad en cada centímetro del campo. Si le funcionó el plan en la ida, por qué no repetirlo en la vuelta.

La gran diferencia es que no tendrán el apoyo de su muro, sino que se toparán con a una hinchada celeste que cree. Por difíciles que estén las semifinales, merece la pena morir en el intento.