Los vigueses estuvieron mejor contra once, dieron demasiadas facilidades en defensa al rival y, con 18 tiros, solo fueron capaces de hacer un gol
26 ene 2026 . Actualizado a las 01:18 h.Hay partidos que parecen tambalear los números que construyen un equipo a lo largo de la temporada. El Celta llegaba a Anoeta paseando su sobriedad defensiva y demostrando una importante efectividad en sus remates a gol. También se había confirmado como un equipo especialista en saber jugar en inferioridad numérica. Pero todas esas estadísticas se le volvieron en contra ante la Real Sociedad, que se coloca a cinco puntos y con el golaveraje particular ganado. A mayores, los vigueses volvieron a perder a domicilio en la liga, algo que no sucedía desde el 29 de septiembre, en Elche.
Lo más llamativo fueron las concesiones defensivas. Desde el 2-4 con el Barcelona, nadie le había marcado más de un tanto al Celta en la liga, y la Real Sociedad le hizo tres (dos en inferioridad numérica). Los de Pellegrino Matarazzo pasan por ser uno de los equipos más efectivos de Primera y lo demostraron, porque en cuatro intentos hicieron tres goles: los dos de Oyarzabal y el de Brais de penalti. El único disparo entre palos que paró Ionut Andrei Radu fue del cabezazo de Oskarsson.
El Celta también llegaba a Anoeta con la vitola de equipo efectivo en el área rival, pero su pólvora estuvo tan mojada como el día en San Sebastián. Los vigueses probaron fortuna en 18 ocasiones, si bien solo cuatro de esos intentos fueron entre los tres palos, y Borja Iglesias fue el único capaz de batir a Remiro. Además, al cuadro celeste le bloquearon seis de sus intentos porque nunca fue capaz de desordenar a una Real Sociedad que se comportó a la perfección en el plano defensivo.
Una vez más, por otra parte, se confirmó que el valor de la posesión es del todo relativo, porque en esta ocasión, el Celta tuvo el balón el 64 % del tiempo pero fue el rival quien estuvo más certero. Todo, con el agravante de que la mejor versión celeste apareció cuando el partido estaba en igualdad numérica; después, no supo jugarle a la Real. El partido transmitía, a la inversa, la misma impresión que lo sucedido el jueves, cuando el Lille tenía el balón y atacaba, pero apenas era capaz de hacerle daño a un organizado conjunto vigués.
Tampoco funcionó en esta ocasión la estrategia y los nueve córneres provocados por el Celta se fueron al limbo. De todos ellos, solo el cabeceado por Jones El-Abdellaoui mediada la segunda mitad, tenía cierta intención. El resto fueron inocuos.