Javi Rodríguez, de tener un pie fuera del Celta, a brillar en casa

M. V. F. VIGO

GRADA DE RÍO

Rodríguez Galiano, el domingo frente al Linares en Balaídos.
Rodríguez Galiano, el domingo frente al Linares en Balaídos. M.MORALEJO

El jugador, autor de un doblete en su tercer partido con el segundo equipo teniendo ficha del C, estuvo a punto de dejar el club de su vida en su primer año juvenil

24 ene 2023 . Actualizado a las 05:00 h.

«Entraba en A Madroa y Álex Otero le decía: ‘Te tienes que creer que eres jugador del Celta'». Lo cuenta la madre de Javi Rodríguez Galiano (Poio, 2003), autor de dos de los cuatro goles del filial celeste B frente al Linares en su tercer partido con este equipo y teniendo ficha del C Gran Peña. Ha llegado hasta ahí como dicen quienes le conocen que es él: humilde, introvertido, sin hacer ruido. «Durante los primeros años, nadie sabía que jugaba en el Celta, hasta que sus hermanos gemelos, que son unos lengoretas, se lo empezaron a contar a todo el mundo», comenta Trini Galiano.

Javi comenzó en el Marcón Atlético porque en el club de su localidad natal «no los cogían tan pequeños» y a él la pelota le volvía loco. «Siendo muy niño, daba igual a donde fuéramos, que en el coche eran Javi y 50 balones», añade su progenitora. El Celta no tardó mucho en fijarse en él y desde edad benjamín, ha vestido de celeste de forma ininterrumpida.

Con sus hermanos pequeños, los mellizos Pablo y David
Con sus hermanos pequeños, los mellizos Pablo y David

A su técnico del Marcón, Amador Cabaleiro, no le sorprendió que el equipo vigués llamara a su puerta. «Tenía talento, era de esos niños a los que les ves algo diferente ya cuando empiezan», recuerda. Los padres, sin embargo, accedieron a que hiciera las pruebas con el Celta creyendo que no sería seleccionado. «Nosotros nunca pensamos que tuviéramos un astro. Era un niño practicando una actividad y ya está», comenta ella.

Pero allá se fue con Pablo Meixús, compañero suyo en el Marcón en el que se fijaron a la vez que en él y que lo ha sido durante todo este tiempo hasta que dejó el Celta el pasado verano rumbo al Bergantiños. «Siempre ha sido tranquilo, tímido y con una sonrisa en la boca. No le regalaron nada, hubo momentos en que jugaba poco y tuvo la mentalidad de trabajar para cambiarlo», valora su excompañero y amigo de prácticamente toda la vida.

Galiano recuerda que el club les daba facilidades en cuanto al transporte entre Vigo y Pontevedra, pero aquellos primeros años no estuvieron exentos de malabares. «Tenía el cole y luego el instituto en Poio, los entrenamientos... Hubo algún año que no había bus y lo llevaba un entrenador de Portonovo, Minso. Hizo muchos esfuerzos, alguna vez hasta tenía que irse sin que le diera tiempo a comer», relata. Admite incluso que no sabe cómo ha podido con todo.

Lleva ininterrumpidamente vistiendo de celeste desde que era benjamín.
Lleva ininterrumpidamente vistiendo de celeste desde que era benjamín.

A lo largo de estos años, el de Javi no fue un camino de rosas. Lo sabe Amador, que siempre lo ha seguido de cerca. «Pese a las épocas en que jugaba muy poco, siempre aguantó. Viene por aquí siempre que puede y en esos momentos, me decía: ‘Tranquilo, que cuando me echen, vuelvo al Marcón. Yo a otro lado no voy'», rememora el técnico celebrando que no haya sucedido: «Se lo curró y estamos orgullosos y encantados de que esté teniendo suerte».

De los malos momentos de Javi, a los que hizo referencia Claudio Giráldez tras el partido, habla también su progenitora. Revela que estuvo casi con un pie fuera hace no tanto tiempo. «Cada año, te llaman para decirte si te renuevan o no y en el salto de cadete a juvenil, a él le dijeron que lo invitaban a que se fuera a otro club, porque a lo mejor no tenía muchos minutos», señala. Su familia le transmitió que podía buscar otro destino, que «la vida no acaba en el Celta», pero él quiso quedarse. «Dijo: ‘Por mis narices, lo voy a conseguir'».

Comenzó así en el Juvenil B cuando la mayoría de sus compañeros pasaban al A. «Pensé que le iba a dar un bajón, aunque siempre le insistimos en que no le importara la letra A, B o C, sino tener minutos y disfrutar del fútbol», sostiene Trini. Y eso fue exactamente lo que hizo Javi. «Ese año estuvo con Claudio, que confió en él. Siguió pasito a pasito, le salieron las cosas y hasta el día de hoy», continúa.

Con Meixús (derecha) y otro compañero.
Con Meixús (derecha) y otro compañero.

Meixús corrobora que la figura de Giráldez fue fundamental para Rodríguez Galiano. «Cuando lo entrenó en juveniles, tuvo su mayor crecimiento. Y siempre fue una persona de tener los pies en el suelo». La sensatez hace tiempo que caracteriza a un chico que ya de niño ponía todo de su parte para mejorar cada día. «Se tomaba en serio lo que le decías. No era de los que les entra por un oído y les sale por el otro. No faltaba a un entrenamiento», comenta Cabaleiro, que ya lo llevaba con el equipo benjamín siendo prebenjamín. «Aunque en esas edades, los pruebas en todas las posiciones, se veía que tenía que ser central o lateral. Pero rendía en cualquier sitio y ante la necesidad que hubiera en el equipo, recurrías a él».

Estudiante de INEF y con buenas notas a lo largo de toda su trayectoria académica, este verano tocaba dar el salto a la categoría sénior. Trini explica que la pasada campaña había hecho la pretemporada con el B y entrenaba habitualmente con Onésimo Sánchez, pero este curso, en el que le hicieron ficha del C Gran Peña no fue así. «Nos pareció raro, pero el fútbol es así y no le dimos mayor importancia. Él iba tan feliz con el C, con sus compañeros y con Bajcetic, que ya le había entrenado antes», menciona.

Hace unas semanas le volvieron a reclamar para entrenar con el B y llegó a debutar en un amistoso del primer equipo en el que su madre no pudo estar por no poder cambiar el turno de trabajo. Su padre llegó en la segunda parte también por motivos laborales. Ya este domingo, pudieron disfrutar del doblete in situ. «Era la primera vez que yo lo veía jugar en Balaídos y salté del asiento. Aunque todavía me hizo más ilusión verlo luego en la tele, casi rompo a llorar. ¡Estaban hablando de mi hijo, de Javi, que siempre fue uno más!», señala.

Su madre cuenta que a Javi le apodan 'Chino'.
Su madre cuenta que a Javi le apodan 'Chino'.

Uno más, pero de los más queridos y destacados por su esfuerzo y su compromiso. «Yo recuerdo una anécdota de un torneo que jugamos en A Illa, que él tenía una comunión y se fue después de jugar. Pero como nos clasificamos para la final, se empeñó en venir por la tarde», detalla su primer técnico. Iba a pitar el árbitro, y Javi estaba entrando por la puerta. Ni entonces ni a lo largo de su carrera ha sido un futbolista que viera puerta con asiduidad. «Cuando vi que marcó un doblete, no me lo creía, porque nunca fue un jugador con mucho gol. De hecho, me metía con él por eso», confiesa Meixús, que se alegra «muchísimo» de su éxito y augura que «si sigue trabajando así le irá genial».

Trini confiesa que ella y su marido, Fran, alucinaban cuando otros compañeros tenían representante hace años. Ellos son distintos. «Esto del mundo del fútbol a veces nos viene grande. Yo digo que somos pueblerinos, pero para mí es mejor así», sostiene. Con la misma humildad de su hijo. «Se sube rápido, pero se baja más todavía. Espero que siga luchando y no se le suba a la cabeza. Conociéndole como le conozco, no creo que eso pase nunca», finaliza.

En los inicios, como jugador del Marcón.
En los inicios, como jugador del Marcón.

Javi Rodríguez, el lateral goleador con ficha del C

LA VOZ

Javi Rodríguez Galiano fue el gran protagonista de la victoria del Celta B frente al Linares. En su tercer partido con el filial celeste, el jugador con ficha del C Gran Peña marcó dos goles, el tercero y el cuarto, que servían para decantar la balanza.

El canterano celeste, de la generación del 2003 y en el club desde categoría benjamín, debutó con el segundo equipo el pasado 18 de diciembre, tras haber ido convocado en otras tres ocasiones. Es su primer año sénior y venía siendo indiscutible en el equipo de Srdjan Bajcetic hasta que Claudio Giráldez comenzó a tirar de él ante los problemas físicos de Thomas Carrique.

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