Marius Borg, en la segunda sesión de su juicio: «Desde que tenía tres años, la prensa me ha perseguido»
GENTE
El hijo de Mette Marit declara en el tribunal que las relaciones con la presunta víctima de violación en el palacio de Sakaugum fueron consentidas
04 feb 2026 . Actualizado a las 17:30 h.«Desde que tenía tres años, la prensa me ha perseguido. Muy pocos aquí pueden imaginar mi vida. En Noruega solo me conocían como el hijo de mamá y necesitaba, psicológicamente, una gran confirmación. Eso se manifestó en sexo, alcohol y demás». Estas han sido las primeras palabras de Marius Borg Høiby ante el juez Jon Sverdrup Efjestad este miércoles. De brazos cruzados y en el estrado, tras abandonar su asiento, en el que estaba flanqueado por sus dos abogados, Ellen Holager Andenæs y Petar Sekulic, ha comenzado a hablar con una voz frágil, que, sin embargo, ha ido cobrando fuerza a medida que avanzaba en su declaración, muy especialmente cuando se ha centrado en defender a su madre. La prensa noruega ha acusado a la princesa Mette-Marit de hacer desaparecer una tarjeta SIM que presuntamente podría inculpar a Marius, pero él lo na hegado y ha asegurado que es una víctima del amarillismo y que ha «pagado los platos rotos». Después, ha pasado a contar cómo conoció a la presunta víctima de violación en el palacio de Sakaugum (donde él tiene su residencia), el 20 de diciembre del 2018, y ha reconocido que consumió cocaína por primera vez aquella noche.
Mientras Marius da su testimonio, su mirada está fija en los tres jueces y la sala permanece completamente en silencio. «Ella admiraba mi Porsche», ha comenzado el relato de aquella noche. Fue la mujer la que se le acercó e intentó besarle, al tiempo que Marius escuchó «un ruido de cámara», según su testimonio. Era un fotógrafo de la revista noruega Se Og Hør, que ofreció unos 4.400 euros por la foto. Y, más tarde, ella «coqueteó con todo lo que corría por ahí».
Cuando Marius toma un vaso para beber agua, se percibe que su mano tiembla visiblemente. «Los taxis llegaron hasta la entrada de la cocina para que mi madre y mi padrastro no pudieran verme», relata al referirse a la forma en la que los invitados a la fiesta entraron en la residencia oficial de los príncipes herederos de Noruega, en la que Marius vivía en ese momento.
Practicaron «juegos de beber», pero no recuerda haber mantenido relaciones sexuales en uno de los baños, como ella ha admitido en la declaración previa, aunque «eso no significa que pasase». Tampoco recuerda «haberle hecho fotos ni grabaciones de vídeo», en relación a las imágenes presentadas como prueba, en las que la mujer, inconsciente, es víctima de abusos en los que un hombre introduce un dedo en su vagina. «Nos tumbamos en el sofá, nos besamos, tuvimos sexo en perrito. No recuerdo haberla tocado con los dedos ni nada de eso», ha relatado Marius. Por la mañana, «habría sido extraño si hubiera ido a desayunar con ella, tenía que salir», por lo que «la llevé ante el personal de seguridad, la abracé allí y luego se fue».
El fiscal Sturla Henriksbø se dirige a Marius por su nombre de pila, durante el interrogatorio. Le confronta con las fotos sexuales halladas en su ordenador y él dice: «Solo son para mi». Admite que las guarda en una carpeta aparte. «No quiero ir pasándolas cuando le enseño a mamá fotos de vacaciones». Le pide, además, que defina qué es sexo para él. «Depende de la situación. Todo lo relacionado con los órganos sexuales. Si no los tocas directamente, entonces no es sexo», responde. Lleva una hora en el estrado y sigue con los brazos cruzados, sin gesticular, insistiendo en que no hubo violaciones ni vídeos.
La presunta víctima ha declarado previamente que sospecha que le puso algo en la bebida y que sufrió por ello «un apagón como nunca antes había experimentado». «Sí, cien por cien», ha respondido a la pregunta sobre si cree que fue drogada. También ha reconocido que poco antes de que se tomasen esas imágenes de vídeo había mantenido relaciones consensuadas con el acusado en uno de los baños del Skaugum.
El abogado de Marius, Petar Sekulic, ha mostrado después mensajes SMS intercambiados mucho antes entre los dos y se ha visto obligada a reconocer que podían ser interpretados en clave sexual, aunque anteriormente había declarado que «apenas» se conocían.
Aparentemente, la mujer coquetea y se sirve del apodo con el que la sociedad noruega conoce al «Pequeño Marius» desde que llegó como niño a la corte, tras el matrimonio de su madre con el príncipe Hakoon. «Yo diría que lo tuyo no es nada de pequeño», le dice, a lo que Høiby respondió «grande como el demonio».
El hecho de que, todavía inconsciente, fuese introducida en un taxi de vuelta a casa por personal de seguridad de la residencia principesca, ha servido a la defensa para sembrar dudas sobre la identidad del hombre que aparece en el vídeo. Esta duda surgió ya en la primera declaración ante la policía y en aquel momento ella descartó que se tratase de Marius. Ahora considera que, «simplemente, no podía creerlo». La defensa ha presentado pruebas de que Høiby pidió un taxi a las 7:21 y el taxi salió del recinto a las 7:33.
Marius Borg muestra cierta vulnerabilidad, según la estrategia de la defensa. Afirma que es difícil mantener el equilibrio sometido a la presión de la prensa. «Hay una cantidad increíble de textos sobre mí, todo el tiempo. Y lo recibo todo. He leído absolutamente todos los cien mil artículos que existen», dice. Después, pide al juez una pausa y la sesión se suspende hasta las 14.45. Su equipo legal ha desvelado a su llegada al tribunal, en esta segunda sesión del juicio, que tuvo que ser atendido en el hospital el domingo, tras su nueva detención, y que su salud es monitorizada continuamente.