El Gobierno portugués admite fallos de coordinación en los incendios

Brais Suárez
brais suárez OPORTO / E. LA VOZ

GALICIA

Un bombero forestal portugués intenta extinguir un foco en Pampilhosa da Serra
Un bombero forestal portugués intenta extinguir un foco en Pampilhosa da Serra PAULO NOVAIS | EFE

Este jueves se reunirá el Consejo de Ministros para aprobar ayudas a las poblaciones afectadas

21 ago 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Este verano, la desgracia adquiere muchas formas distintas en Portugal, pero todas vinculadas al fuego que arrasa el país. Si la noche del martes caía con la noticia de cinco operarios de una explotación forestal heridos —uno de ellos, de gravedad—, el miércoles comenzaba con la muerte de un vecino de Mirandela, de 65 años, que fue arrollado por su propio vehículo mientras participaba en las labores de extinción. Son tres víctimas mortales, pero la dimensión de los incendios sugiere que podrían haber sido muchas más.

Después de 26 días ardiendo ininterrumpidamente, el fuego pasa a un segundo plano de la atención pública, que queda espantada ante sus consecuencias, en forma de las cicatrices negras que muestran las imágenes satelitales o del rastro de cenizas que cubre las regiones centro y norte. Dos de los incendios declarados, el de Trancoso (Guarda) y el de Arganil (Coímbra), están entre los tres más grandes de la historia del país, con 49.000 y 47.000 respectivamente, y según los cálculos más cautos. Otras estimaciones ya sitúan al de Trancoso por encima del que oficialmente ocupa el primer puesto, el de Lousã, que quemó 57.000 hectáreas en el 2017.

Ya el martes por la noche, la preocupación se desviaba desde estos puntos hacia el norte, a causa de los incendios que superaban la frontera gallega e invadían el norte portugués. Equipos de bomberos procedentes de varias regiones los aguardaban y, tras «una noche de mucho trabajo», el fuego entraba en fase de resolución. Sin embargo, horas más tarde, se reavivó con fuerza en un parque empresarial y los cuatro aviones y medio millar de profesionales allí presentes eran insuficientes.

La situación era similar en Castelo Branco: «Queremos conseguir medios, no los tenemos y la gente está ansiosa y recelosa», decía su alcalde, Leopoldo Rodrigues, a la agencia de noticias Lusa. «El primer ministro y la ministra del Interior tienen que saber qué quieren para este territorio, qué quieren hacer y si tienen o no disponibilidad para enviar medios», se quejaba mientras las llamas cercaban su pueblo. Parecidos mensajes de desamparo y desolación se escuchaban desde otras zonas como Fundão o Seia.

Al Gobierno no le quedó más que reconocerlo. En una entrevista a SIC Notícias, el secretario de Estado de Protección Civil admitió que pudo haberse producido «aquí o en otro momento, y dada la complejidad del teatro de operaciones, una falta de coordinación momentánea», algo de lo que venían advirtiendo tanto los afectados como la Liga de Bomberos Portugueses. «Creo que ha sido una respuesta positiva. Con lagunas que hemos verificado, pero intentando equilibrar todo un dispositivo nacional», justificó. Además, aceptó que es necesario reforzar la estrategia a largo plazo, con mayor prevención, y lamentó que algunos medios aéreos no pudieran ser utilizados a causa de las condiciones.

 Más expeditivo fue su colega de Gobierno, el ministro de Asuntos Parlamentarios, Carlos Abreu, que en rueda de prensa reclamó que «estamos muy seguros y convencidos de la forma en que se está llevando a cabo la lucha». Comparecía para anunciar que el primer ministro, Luís Montenegro, dará «todas las explicaciones que se consideren necesarias» el próximo miércoles en el debate extraordinario que el Parlamento ha decidido celebrar para evaluar la gestión de la emergencia por parte del Ejecutivo.

 El Gobierno, al que se ha afeado su falta de iniciativa y comunicación, ha reaccionado convocando, este jueves, un Consejo de Ministros extraordinario para aprobar un paquete de ayudas a los afectados por la desgracia.