Infracciones e imprudencias sin sanción a diario en la playa de As Catedrais

GALICIA





















Visitantes a este emblema turístico de Galicia se saltan precintos, escalan por las piedras o acceden a las cuevas pese a que todo ello está prohibido
23 jun 2024 . Actualizado a las 05:00 h.«Cada vez que nos chaman para unha alerta na praia das Catedrais esperamos calquera cousa. Alí vese o que é o ser humano, coa xente pasando a zonas precintadas para posar para a foto, entrando en covas e túneles, subindo ás pedras...». Es el resumen que hace un bombero del parque de Barreiros. Hace unos días respondió a la última emergencia declarada en la playa de Ribadeo, uno de los emblemas turísticos y de los lugares más visitados de Galicia: una niña de 9 años trepó por una ladera de un acantilado hasta que a medio trayecto se asomó y, al ver la altura, se asustó y se detuvo. Acudieron los bomberos y se vivieron momentos de tensión, con la madre desesperada (ella en lo alto del acantilado, su esposo a pie de la playa y la hija en un punto intermedio). «Máis que imprudencia, foi un despiste dos pais», sostenía benevolente uno de los bomberos. Asegurándose con cuerdas y arneses, el rescate se consumó sin mayores dificultades.
El día 1 de julio entrará de nuevo en vigor el plan de conservación de As Catedrais que la Xunta pone en marcha cada temporada desde el 2015. Está operativo en Semana Santa y del 1 de julio al 31 de septiembre. Esos días hay vigilantes que controlan el acceso al arenal. Para evitar aglomeraciones se establece un máximo de 4.812 personas al día, que deben sacar una entrada, gratuita, en la web habilitada por la Xunta. En este período el control es mayor, pero aún así se observa cómo aluviones de visitantes incurren en imprudencias, cuando no ilegalidades.
Se ignoran las prohibiciones
Durante el año se ven situaciones esperpénticas. Y aunque hay sanciones establecidas, no se aplican. Varios carteles advierten de multas de 600 a 6.000 euros por pasear por lo alto de los acantilados y un parapeto de estacas y cuerdas impide el paso. Sin embargo, no falta quien lo franquee prácticamente a diario. También circulan fotos de gente subida a los promontorios (práctica prohibida) y por supuesto casi nadie se quiere perder su imagen bajo los arcos de piedra, cuevas o túneles, aunque un cartel junto a la escalera que baja a la playa (el único acceso) advierte expresamente del riesgo y recomienda no hacerlo.
A quien esté un poco al tanto de las dinámicas de As Catedrais le causa perplejidad el espectáculo diario: familias enteras, con bebés colgados a la espalda, niños y ancianos entrando y fotografiándose en las cuevas, incluso en la misma en la que una turista falleció durante la Semana Santa del 2018 al golpearle en la cabeza una piedra que se desprendió. O paseando con asombro bajo los icónicos arcos donde en noviembre del 2020 se vinieron abajo miles de toneladas de piedras y tierra. De haber ocurrido en verano, con visitantes, habría sido una tragedia.
Pero a nadie parece interesar esa cara B de la playa, que se harta de evidenciar su condición de escenario extremadamente frágil. Lo hace desde el primer promontorio, el que se encuentran los visitantes al bajar al arenal, con uno de sus lomos mellados por otro enorme desprendimiento en febrero del 2013. Gran cantidad de piedras permanecieron a la vista durante meses. Pero al final el mar hizo su trabajo. Se llevó todo, dejando solo arena, quedando un paisaje tan bello como engañoso.
En As Catedrais se observan conductas incomprensibles, estimuladas por el afán de verse circulando en redes sociales, desde apilar cantos rodados sobre la arena a hacer grabados en las piedras o llevarse alguna de ellas como recuerdo, algo que sucede desde hace años.

Con impunidad
Son modas que se fortalecen con la impunidad. Porque, ¿cuál es la respuesta a este maltrato a un escenario natural tan privilegiado como delicado? Consultada la Consellería de Medio Ambiente sobre si tiene constancia de alguna multa puesta por sus vigilantes, no reporta ninguna. Desde la Subdelegación del Gobierno señalan que les constan seis multas por agentes del Seprona, todas anteriores al 2022.
Las administraciones se inhiben. En el 2018, el Ministerio de Medio Ambiente arguyó un informe de la Abogacía del Estado que concluía que correspondía a la Xunta establecer las medidas de vigilancia y al Concello aplicarlas, obviando que es el Ayuntamiento quien menos medios y personal tiene para hacerlo. Y así se van pasando la pelota.
As Catedrais es un imán turístico impresionante. Hace unos años, antes de ponerse en marcha el límite de 4.812 visitantes diarios, se hicieron auditorías con proyecciones que hablaban de alcanzar un millón de visitantes al año. Pero es un escenario que muta constantemente, sometido a un gran impacto por la erosión que provocan el viento, la lluvia, el mar y la presencia humana. Por eso no extrañaría que muriese de éxito. Entonces se señalarán culpables, pero ya será tarde.